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domingo, 6 de enero de 2013

Los mayas y el fin del mundo

Artículo de Alba Omil sobre el calendario maya y sus consecuencias actuales. Publicado en el diario La Gaceta de Tucumán, el día 6 de enero de 2013. El enlace a la nota es:

http://www.lagaceta.com.ar/nota/527916/la-gaceta-literaria/mayas-fin-mundo.html

miércoles, 27 de febrero de 2008

La metamorfosis


Ligadas a la historia de la humanidad, las metamorfosis aparecen en todos los tiempos, y nuestros aborígenes no podían haber sido ajenos a este hecho, cuyo conocimiento parece ser común al género humano, y atributo de los dioses.
Ya hemos visto, y son conocidas las transformaciones de la Pachamama. Tampoco es extraño a ellas el Llastay que, de pronto, puede ser guanaco, como cóndor, como corzuela, como chinchillón. También suele, o puede, metamorfosearse, el Chiqui.
Adán Quiroga (1900) sostiene una hipótesis interesante a propósito de las metamorfosis del Chiqui, puede ver la figura de la deidad maligna transformada en suri, en algunas urnas del valle de Santa María, que reproduce en su trabajo:
"El suri [...] tiene mucho que hacer con el Chiqui, ya sea porque la misma deidad funesta se vuelva avestruz para vagar por el desierto..."
Y respalda Quiroga su teoría con el hecho de que en las fiestas en honor del Chiqui, cuando se le ofrecen las cabezas de aves del Llastay, la única que falta es la del suri, "excluyéndola del sacrificio, como si fuese motivo de veneración especial y no debe ser sino porque el Chiqui se transforma en suri" (p.555).
Quiroga insiste: "El hecho mismo de mostrarse el suri en la misma urna que Chiqui, es un dato revelador".

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos de los aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del NOA

Foto: Laguna del Tesoro, Tucumán.

Conocer el pasado de nuestra América, los niveles que alcanzaron las culturas precolombinas, puede llegar a ser una experiencia estremecedora. Esas ruinas hablan, trasmiten mensajes y, a todos aquellos que tengan sensibilidad, les contagian sensaciones muy profundas en las que se combinan la admiración, el respeto, el dolor y muchos otros matices tal vez intransferibles..
Este es un libro de acercamiento a esas culturas, escrito por alguien que ha vivido las sensaciones antedichas y que tiene toda la autoridad del que habla de temas que ha trabajado mucho, y que domina, ama y respeta.
Orlando Bravo es un conocido estudioso de las grandes culturas andinas. Doctor en Física, ha combinado sus competencias en este territorio, con una larga experiencia de andinista (que le permitió observar in situ los hechos durante muchos años), y con su sólido conocimiento del cuadro general de las culturas mencionadas.
Rastreó, midió, calculó, comparó, analizó, sacó fotografías, trazó laboriosos gráfícos, para luego brindarnos el testimonio difícilmente refutable de las cifras: aquel que aportan las matemáticas y la física.
El presente trabajo delimita su territorio en el noroeste argentino, siempre con referencia a los grandes centros culturales precolombinos, y se convierte en valioso aporte al corpus que constituyen los estudios sobre Machu Picchu y Tiwanaku, ruinas medulosamente conocidas por el Dr. Bravo, y que no infrecuentemente le sirven de referencia.
Estas ruinas aborígenes, por lo general situadas a gran altura (a veces superior a los 4000 msnm) nos hablan de lugares donde la nieve reina, el frío se enseñorea sobre todo lo viviente y los inviernos son crueles. Pero donde también brilla el sol, intenso y ardiente, en cielos tan azules, tan límpidos, y madura los frutos, y a lo largo de su curso va sembrando y manteniendo la vida. Estas razones serían un factor quecontribuiría a abonar los cultos solares
Los nativos, pues, debian seguir el curso del sol para "acomodar" los labrantíos, las siembras, el riego, las terrazas, los canales, la recolección de frutos, para determinar y calcular las pariciones, para reglar las actividades cotidianas, para organizar la vida tanto económica como doméstica, para prevenir situaciones, es decir, para organizar el futuro.
Nuestros nativos, como los de Tiwanaku, como los del Cuzco, como los Aztecas y los Mayas, tuvieron sus cultos solares, pero debajo de ellos, y sosteniéndolos, estuvieron sus avanzados conocimientos astronómicos: seguir el curso del sol a lo largo de los días, y quizás, reglar las ceremonias para que no se alejara para siempre, para que retornase en el tiempo calculado (la religión y la ciencia en una unión indisoluble); marcaron con precisión matemática los solsticios y los equinoccios, época de las grandes celebraciones solares en las que ataban al sol para que no se fuera, abandonándolos. A través de sus construcciones en piedra, de sus ventanucos ad hoc, de menhires, de bajorrelieves en la roca, podían seguir el curso del sol a lo largo del año. Así construyeron sus calendarios pétreos. En base a ellos organizaban sus vidas y la vida de la comunidad.

El presente texto aporta gráficos rigurosos y abundante material fotográfico, con los que Orlando Bravo refrenda su teoría. Además se apoya en el sistema de estudios comparados: estudia la Kalasasaya de Tiwanaku y luego la de Queneto, en Perú. Dentro de ese campo incribe a La Ciudacita (ubicada en las nevados del Aconquija, concretamente en la bajada del Morro de las Ruinas, a 4030 msnm, ruinas que él conoce mejor que nadie, que visita desde hace más de 40 años), los menhires de Tafí del Valle, Tiu cañada y los petroglifos de Ovejería (San Pedro de Colalao): la huaca de Ovejería con su famosa "Piedra pintada", mal llamada así, y otros petroglifos.
Leer al Dr. Bravo es empaparse de su saber, trasmitido en lenguaje asequible, no obstante la aridez que circunstancialmente puede presentar el tema, sobre todo para aquellos que no transitan con facilidad por el mundo de los números y de la física.
Nos enteramos así, de cómo los nativos armaron sus calendarios, y todo su proceso, con el respectivo análisis físico-astronómico-matemático que sostiene y avala la teoría. En cuanto a las correcciones calendáricas, O.B. recurre a un respetable cálculo de probabilidades.
La presente publicación de la Universidad Nacional de Tucumán tiene un doble valor: por un lado, el que le es específico, esto es la seriedad y minuciosidad científicas con que un especialista de indiscutida autoridad y reconocida trayectoria, encara el tema propuesto. Por otro, la incorporación del Noroeste argentino al campo científico y de investigación, con lo que los estudiosos tendrán un importante aporte que les ha de permitir no sólo ampliar la perspectiva en sus estudios sino también el trabajo en bloque sobre estos centros astronómicos y religiosos de Hispanoamérica, que tienen tantos elementos comunes entre sí.

Alba Omil

Extraído del prólogo del libro Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del NOA, de Orlando Bravo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2002.

miércoles, 13 de junio de 2007

Los menhires

Fotografía del "Gran menhir" de El Mollar, Tafí del Valle, Tucumán,
en distintas horas de la mañana. Buffo, 1940, lámina VII.

Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".

"La mirada de esos ojos, casi horizontal en las primeras horas de la mañana, se dirigía cenitalmente al mediodía; y a las 10, y a las 11 horas, en direcciones intermedias" (Buffo, 1940).
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

jueves, 7 de junio de 2007

La Creación. Su simbolismo

Aníbal Carrillo: Muestras de una cultura aplastada. Óleo sobre tela, técnica mixta. 80 x 110 cm.

El espíritu humano está dotado de una facultad generadora de imágenes que le permite, o le abre, la posibilidad de expresar simbólicamente lo inasible. Esto nos habilita -como habilitó al aborigen- para aprehender la eternidad, el misterio cósmico, el mundo trascendente, más allá de nuestra pedestre finitud.
Sólo el símbolo puede fundir diversos elementos en una expresión global única. Asi tenemos que admitirlo al observar algunas figuras creadas por los aborígenes y recreadas por Aníbal Carrillo.
"Un símbolo nunca es completamente abstracto" -señala Jolande Jacobi-, es siempre abstracto y 'encarnado'" (Complexe, Archétype, Symbole, Neuchatel (Suisse): Ed. Delachaux & Niestlé, 1961: 67). El aborigen en sus ceramios ha combinado ambas formas: humanas y animales, perfectamente identificables; alternan, o se combinan con otras, abstractas: círculo, cubo, cruz, esfera, punto, espiral. Pero siempre son imágenes -o series de imágenes- perceptibles ya por el ojo, ya por la mente humanos, ya por ambos a la vez.
El artista, con sus manos, que interpretan lo que intuye el alma, pone al alcance de la limitada cotidianeidad del hombre común, algunas ráfagas de la misteriosa infinitud. Por eso nos preguntamos ¿qué ideas arquetípicas, qué imágnes arcaicas, qué terrores, que anhelos se encierran en estas series de figuras tanto concretas como abstractas?
Nuestros aborígenes eran grandes observadores de la naturaleza -cielo, plantas, animales en general, aves, en especial- con los que convivían en contacto permanente. La observación constante les permitía sacar enseñanzas y conclusiones (aún hoy vigentes en campesinos de tierra adentro): por qué canta el sapo antes de la lluvia, por qué algunas aves se bañan en seco y luego llueve; por qué otras (el suri, por ej.) corren abriendo las alas cuando se avecina una tormenta o aún antes de que aparezcan sus primeros indicios.

Alba Omil

Extraído del libro Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

jueves, 26 de abril de 2007

La Pachamama

Aníbal Carrillo: Bestia, mujer, diosa. Óleo sobre tela. 80 x 110 cm. Extraído del libro Arte y mito en las culturas Andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

Pacha = universo, mundo, lugar. Mama = madre

Es un mito rico y complejo, entretejido con muchos otros. A propósito de la Pachamama, el Padre Fortuny dice "el quirquincho es su cuchi, la víbora su lazo"
Su culto sorprende al estudioso, fundamentalmente por dos razones:
1. Su antigüedad; su origen es remoto. Según Ibarra Grasso (Argentina indígena. Buenos Aires: Tipográfica Editora Argentina, 1971) muchos siglos antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, ya existía el mito. En efecto, el culto a la Pachamama es anterior a los incas, anterior a los huanacotas, anterior, al parecer, a los cultos solares.
2) Su persistencia en el tiempo. No nos referimos a las fiestas en honor de la Pachamama, que se hacen actualmente, y que tienen mucho de mise en scene especial para el turismo. Nos referimos al otro, al culto profundo, que lleva al cazador, al viajero, a depositar su ofrenda de coca, de maíz, de algarroba, de tabaco, en alguna apacheta, esos pequeños túmulos silenciosos que abundan en la intimidad de la montaña; un culto íntimo y auténtico que pervive en el alma del montañés de nuestros días, al igual que en el de hace más de cinco siglos.
La Pachamama es la madre de la tierra, o la tierra madre que los acoge y los alimenta.
También la madre de los cerros, la protectora de la fertilidad. No hay ídolos que la representen, apenas uno que otro grabado que podría ser, o no, ella. Ambrosetti reproduce diversas figuras que, a su juicio, la simbolizan.
Como podría observarse, es una mujer vieja, porta una bolsa y una cántara a sus espaldas; tiene el vientre abultado. Todo esto aludiría tanto a la fecundidad como a los dones que Pachamama puede dispensar: agua, mieses, buenas cosechas, fertilidad de las hembras en diferentes órdenes.
Es una fuerza, un alma. Vive oculta en la montaña, o acaso alienta allí, en los altos valles. A veces la protegen las nieblas, el alpapuyo, que baja en los atardeceres y que es quizás su cómplice. Acompaña y protege al montañés que la invoca, le canta y, a su manera, le reza; protege también su habitat [...].

Se la invoca -y/o propicia- para acrecentar los rebaños. Este culto explicaría el sentido de algunos petroglifos donde pueden observarse grandes grupos de camélidos, que pueden ser interpretados como ofrendas o como una invocación.
La Pachamama, según los relatos orales, también es la dueña del "Ojo’i tigre", es decir, la capacidad y a la vez el cupo que cada cazador tiene para cazar. Si se excede, la deidad se lo quita, no puede cazar más, y hay que hacer toda una ceremonia, con ofrendas y rogativas, para recuperarlo.

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

viernes, 13 de abril de 2007

Antigua ciudad de Quilmes

Vista general de las ruinas de Quilmes.
Foto de Lucio Piérola, 13 de abril de 2006

Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre quiénes eran los quilmes, de dónde vinieron ni sobre quienes construyeron la ciudad.
Una de las teorías sostiene que fueron los incas los constructores porque los quilmes carecían de los conocimientos necesarios (estratégicos, arquitectónicos, hidráulicos, etc) para semejante emprendimiento: viviendas, corrales, silos, andenes de cultivo, una presa formidable, un canal de muchos kilómetros y sus ramificaciones. Pero, sin duda, más importante que sus constructores, es la ciudad misma cuya grandiosidad sorprende y maravilla.
Las ruinas están situadas en la Sierra del Cajón, entre los 1800 y 2000 msnm. Ocupan un anfiteatro natural desde el pie del cerro Alto del Rey y se extienden por las laderas hasta la cumbre.
Esta cultura se ubica en el Período Tardío (1000-1500 d.C.). Los incas penetraron en 1480, y los españoles, después de 1535.
Poco ha conservado la memoria oral de las ceremonias religiosas (y aún de de las fúnebres) de nuestros aborígenes, luego de la cristianización. Sin embargo, hoy los descendientes continúan honrando a la Pachamama. A cada paso, en el camino, y aun en los patios de las modestas viviendas, se encuentran "apachetas" (montículos de piedra en forma piramidal) donde los lugareños depositan sus ofrendas a la madre tierra: hojas de coca, tabaco y semillas para que ella fertilice el suelo, las plantas, las hembras, los proteja de la sequía y de las heladas.

Alba Omil

Extraído del folleto Antigua ciudad de Quilmes, con textos de Alba Omil, fotografías de Esteban Lavilla y diseño de Lucio Piérola. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2006.

Este folleto de 16 páginas totalmente ilustrado a color, no se consigue en las ruinas sino en la ciudad de Tafí del Valle, Tucumán, o bien a través de nuestro correo electrónico.