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martes, 16 de agosto de 2011

La hechicería en las culturas prehispánicas


"Hechicería en las culturas prehispánicas", de Alba Omil. Se presenta el jueves 18 de agosto, Centro Cultural Rougés, Laprida 31, San Miguel de Tucumán, Argentina, a las 20 horas. ¡Los esperamos!

jueves, 21 de enero de 2010

La lechuza


Dentro de estas figuras, la lechuza y el búho portan una simbología más abstracta y más oscura aunque no fatídica como la que derivó después de la conquista.
La lechuza tiene un lugar importante dentro de la imaginería indígena: aparece grabada en las piedras, en los ceramios, hay urnas funerarias de párvulos que adoptan sus formas ¿por qué?
El doctor Orlando Bravo (Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del Noroeste Argentino, UNT, 2001, p.32) señala que en la llamada Piedra Pintada de San Pedro de Colalao (lugar sagrado y observatorio astronómico) hay grabada una interesante figura de lechuza que está como protegiendo a un pichón o búho pequeño. Es la que primero recibe los rayos del sol porque es la figura que está ubicada más al levante. El Dr. Bravo piensa que, para los aborígenes, era una aliada de la noche, la que veía en las tinieblas.
Quizás era por eso que figuraba en las urnas funerarias: una invocación para que acompañe al difunto, para que no se pierda entre las sombras de la muerte.
Adán Quiroga (1931) describe así a esta figura de la Piedra Pintada: "La sexta figura que luego se repite con su cara de aspecto de lechuza y semejante a algunos de los llamados ídolos personales", acerca de los cuales no podemos menos que preguntarnos ¿por qué una figura de lechuza como amuleto?
Para empezar, tenemos que tener en cuenta que en las culturas precolombinas del NOA, la lechuza no cargaba el sema de agorera ni el de funesta ni el de acompañante de brujas que introdujeron los españoles. Al contrario, si el dibujo del ave aparece en las urnas funerarias es porque de algún modo estaba vinculada al trasmundo [...].

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Demonios guardianes de tesoros


Es conocido el motivo del diablo dispensador de riquezas. Grillot de Givry (1981) se ocupa del tema con su clásica solvencia. Según la creencia, como el diablo reina en el mundo inferior, conoce todas las minas, todos los tesoros escondidos; es su dueño y señor, puede entregarlos a quien le plazca y ha puesto sus guardianes para custodiarlos, todo lo cual se ha convertido en tópico. A veces no se especifica que sean guardianes demoníacos, pero son seres del Mundo de las tinieblas, generalmente "almas en pena", que se manifiestan mediante luces malas.
En el ámbito universal hay relatos sobre este tema, que se multiplica en el espacio y en el tiempo.
En el Noroeste argentino, el tema de los "tapados" es de vieja data: ¡Cuántos monumentos megalíticos se han destruido por buscar tapados! La tradición conserva vivo este tema gracias a algunos ingredientes que no varían: los tapados existen; algunos ya han sido desenterrados, prueba evidente de su existencia; muchos continúan siendo buscados.
En el Nuevo Mundo podemos encontrar antecedentes lejanos: Veamos lo que dice David Granada (1896): "Raro es el cerro, peñasco o escarpado, desde la Cordillera de los Andes hasta las comarcas del Uruguay, Paraná y Paraguay, que no tenga una 'salamanca' o cueva encantada, que no encierre considerables riquezas de oro y plata en sus entrañas [...], que no emita luces y resplandores que a veces iluminan una vasta extensión del territorio".
Acerca de estas luces hay un ponderable corpus de leyendas: la luz mala, o el farol (Omil, 1988 y 1989), Ambrosetti (1976, 111) .
Son muchas las explicaciones sobre el origen de estos tesoros:
"Esos tesoros son antiguas minas que hoy los aborígenes ocultaron, 'taparon' para sustraerlas de la codicia española: guacas, enterratorios de caciques, con las alhajas que tuvieron en vida.
El supuesto tesoro enterrado de los Jesuitas con motivo de su expulsión.
El que los comerciantes acaudalados enterraron antes de huir al Perú, cuando estalló la revolución de mayo.
El tesoro del rescate de Atahualpa.
Los tesoros aborígenes".
Con cada uno de estos temas puede elaborarse un corpus de relatos orales, algunos de fuerte tenor mítico.
De este amplísimo abanico sólo nos interesan aquellos relatos donde aparecen como custodios, seres demoníacos, o almas irredentas, y ubicados en el ámbito del Noroeste argentino.
En otra ocasión relatamos la bellísima historia del cerro Cierra-puesta, con su increíble tesoro custodiado por una diabla coja conocida como Patasola (Omil, 1988 y 1989) . Ahora nos detendremos en otras, no menos llamativas: la del Curu-curu, la del Zorrito, y la del cerro Tres cruces. Cada uno de estos núcleos ha generado una red de historias sobre fabulosos tesoros ocultos en las sierras de Salta y aún no descubiertos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

viernes, 9 de mayo de 2008

Antes de la llegada del español


"Es tan poco lo que nos han dejado, en citas y apuntes breves y dispersos, los cronistas católicos sobre los dioses y supersticiones de Calchaquí, que es necesario, para rehacer la mitología de la montaña, acudir al folklore -la tradición viviente en boca del pueblo- medio eficaz de las investigaciones", señala Adán Quiroga en Folklore Calchaquí.
Ha sido tan grande, tan fuerte, tan avasalladora y tan feroz la presión espiritual del conquistador español, que es como si a través de él hubiera caído un espeso aluvión de lodo sobre toda la cultura anterior: no quedan sino vestigios. Sobre esos fragmentos sueltos y aislados trataremos de trabajar: establecer nexos, comparaciones, soldaduras, para recuperar algo, como ya lo hicieron los investigadores precedentes.
Los rastros más abundantes -ceramios, petroglifos, objetos trabajados en piedra- dicen lo suyo; ese mensaje cifrado en los símbolos, a veces hermético, puede estar ligado con cierto fragmento de relato o de creencia y así, quizás, pueda recomponerse en parte la partitura.
Hay que aguzar el oído, pues, para escuchar los susurros de esas voces ya aplastadas por el tiempo, por la violencia, por el sometimiento, el posterior abandono y la constante falta de respeto. Algo percibiremos, bastante, tal vez. Los que sigan continuarán la empresa [...]

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del NOA

Foto: Laguna del Tesoro, Tucumán.

Conocer el pasado de nuestra América, los niveles que alcanzaron las culturas precolombinas, puede llegar a ser una experiencia estremecedora. Esas ruinas hablan, trasmiten mensajes y, a todos aquellos que tengan sensibilidad, les contagian sensaciones muy profundas en las que se combinan la admiración, el respeto, el dolor y muchos otros matices tal vez intransferibles..
Este es un libro de acercamiento a esas culturas, escrito por alguien que ha vivido las sensaciones antedichas y que tiene toda la autoridad del que habla de temas que ha trabajado mucho, y que domina, ama y respeta.
Orlando Bravo es un conocido estudioso de las grandes culturas andinas. Doctor en Física, ha combinado sus competencias en este territorio, con una larga experiencia de andinista (que le permitió observar in situ los hechos durante muchos años), y con su sólido conocimiento del cuadro general de las culturas mencionadas.
Rastreó, midió, calculó, comparó, analizó, sacó fotografías, trazó laboriosos gráfícos, para luego brindarnos el testimonio difícilmente refutable de las cifras: aquel que aportan las matemáticas y la física.
El presente trabajo delimita su territorio en el noroeste argentino, siempre con referencia a los grandes centros culturales precolombinos, y se convierte en valioso aporte al corpus que constituyen los estudios sobre Machu Picchu y Tiwanaku, ruinas medulosamente conocidas por el Dr. Bravo, y que no infrecuentemente le sirven de referencia.
Estas ruinas aborígenes, por lo general situadas a gran altura (a veces superior a los 4000 msnm) nos hablan de lugares donde la nieve reina, el frío se enseñorea sobre todo lo viviente y los inviernos son crueles. Pero donde también brilla el sol, intenso y ardiente, en cielos tan azules, tan límpidos, y madura los frutos, y a lo largo de su curso va sembrando y manteniendo la vida. Estas razones serían un factor quecontribuiría a abonar los cultos solares
Los nativos, pues, debian seguir el curso del sol para "acomodar" los labrantíos, las siembras, el riego, las terrazas, los canales, la recolección de frutos, para determinar y calcular las pariciones, para reglar las actividades cotidianas, para organizar la vida tanto económica como doméstica, para prevenir situaciones, es decir, para organizar el futuro.
Nuestros nativos, como los de Tiwanaku, como los del Cuzco, como los Aztecas y los Mayas, tuvieron sus cultos solares, pero debajo de ellos, y sosteniéndolos, estuvieron sus avanzados conocimientos astronómicos: seguir el curso del sol a lo largo de los días, y quizás, reglar las ceremonias para que no se alejara para siempre, para que retornase en el tiempo calculado (la religión y la ciencia en una unión indisoluble); marcaron con precisión matemática los solsticios y los equinoccios, época de las grandes celebraciones solares en las que ataban al sol para que no se fuera, abandonándolos. A través de sus construcciones en piedra, de sus ventanucos ad hoc, de menhires, de bajorrelieves en la roca, podían seguir el curso del sol a lo largo del año. Así construyeron sus calendarios pétreos. En base a ellos organizaban sus vidas y la vida de la comunidad.

El presente texto aporta gráficos rigurosos y abundante material fotográfico, con los que Orlando Bravo refrenda su teoría. Además se apoya en el sistema de estudios comparados: estudia la Kalasasaya de Tiwanaku y luego la de Queneto, en Perú. Dentro de ese campo incribe a La Ciudacita (ubicada en las nevados del Aconquija, concretamente en la bajada del Morro de las Ruinas, a 4030 msnm, ruinas que él conoce mejor que nadie, que visita desde hace más de 40 años), los menhires de Tafí del Valle, Tiu cañada y los petroglifos de Ovejería (San Pedro de Colalao): la huaca de Ovejería con su famosa "Piedra pintada", mal llamada así, y otros petroglifos.
Leer al Dr. Bravo es empaparse de su saber, trasmitido en lenguaje asequible, no obstante la aridez que circunstancialmente puede presentar el tema, sobre todo para aquellos que no transitan con facilidad por el mundo de los números y de la física.
Nos enteramos así, de cómo los nativos armaron sus calendarios, y todo su proceso, con el respectivo análisis físico-astronómico-matemático que sostiene y avala la teoría. En cuanto a las correcciones calendáricas, O.B. recurre a un respetable cálculo de probabilidades.
La presente publicación de la Universidad Nacional de Tucumán tiene un doble valor: por un lado, el que le es específico, esto es la seriedad y minuciosidad científicas con que un especialista de indiscutida autoridad y reconocida trayectoria, encara el tema propuesto. Por otro, la incorporación del Noroeste argentino al campo científico y de investigación, con lo que los estudiosos tendrán un importante aporte que les ha de permitir no sólo ampliar la perspectiva en sus estudios sino también el trabajo en bloque sobre estos centros astronómicos y religiosos de Hispanoamérica, que tienen tantos elementos comunes entre sí.

Alba Omil

Extraído del prólogo del libro Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del NOA, de Orlando Bravo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2002.

viernes, 22 de junio de 2007

La Salamanca. Primer grado

R. P. Guaccius. El demonio despoja de sus vestiduras al iniciado.
Compendium Maleficarum, Milán, 1626.

Abjurar de la fe y desnudarse, antes de ingresar a la cueva.
Hay antecedentes lejanos de este motivo. Ya podemos verlo entre los grabados del padre Guaccius. Tiene un sentido de purificación, de limpieza y ruptura con el pasado. Las purificaciones son usuales en todos los Misterios. Las encontramos en la cultura de la Tene y en los Misterios de Eleusis, donde, por otra parte, para la iniciación se requería un padrino ateniense, por motivos políticos en los que aquí no nos detendremos, y "el que sin estar iniciado violara los misterios, podía pagar con la vida" (Burkhardt, J. Historia de la Cultura Griega. T. II. Barcelona: Iberia, 1953, p. 234).
Como el aspirante a ingresar a la salamanca, debe contar con un padrino, si no lo tiene y por ello no puede ubicar la cueva, o el lugar de reunión, y quiere conectarse, debe penetrar solo, a la medianoche, en la selva cerrada y allí invocar al demonio -sin portar ninguna imagen ni elemento sagrado-, desnudarse y esperar.
Si se aparece el diablo, conversarán, se establecerá el pacto y se trasladarán a la cueva, o al sitio de reunión, siempre por lugares totalmente desconocidos y laberínticos en donde, al aspirante, le resultará muy difícil orientarse en el caso de que se eche atrás en su propósito.
Por lo general estos relatos no están en boca de sus protagonistas. Siempre aparecen como relación de un tercero. A lo sumo, el relator puede confesar que lo invitaron y que llegó a la primera etapa de la ceremonia pero que no quiso abjurar de la fe y se volvió.
Los curiosos son severamente castigados.

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

miércoles, 13 de junio de 2007

Los menhires

Fotografía del "Gran menhir" de El Mollar, Tafí del Valle, Tucumán,
en distintas horas de la mañana. Buffo, 1940, lámina VII.

Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".

"La mirada de esos ojos, casi horizontal en las primeras horas de la mañana, se dirigía cenitalmente al mediodía; y a las 10, y a las 11 horas, en direcciones intermedias" (Buffo, 1940).
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

jueves, 7 de junio de 2007

La Creación. Su simbolismo

Aníbal Carrillo: Muestras de una cultura aplastada. Óleo sobre tela, técnica mixta. 80 x 110 cm.

El espíritu humano está dotado de una facultad generadora de imágenes que le permite, o le abre, la posibilidad de expresar simbólicamente lo inasible. Esto nos habilita -como habilitó al aborigen- para aprehender la eternidad, el misterio cósmico, el mundo trascendente, más allá de nuestra pedestre finitud.
Sólo el símbolo puede fundir diversos elementos en una expresión global única. Asi tenemos que admitirlo al observar algunas figuras creadas por los aborígenes y recreadas por Aníbal Carrillo.
"Un símbolo nunca es completamente abstracto" -señala Jolande Jacobi-, es siempre abstracto y 'encarnado'" (Complexe, Archétype, Symbole, Neuchatel (Suisse): Ed. Delachaux & Niestlé, 1961: 67). El aborigen en sus ceramios ha combinado ambas formas: humanas y animales, perfectamente identificables; alternan, o se combinan con otras, abstractas: círculo, cubo, cruz, esfera, punto, espiral. Pero siempre son imágenes -o series de imágenes- perceptibles ya por el ojo, ya por la mente humanos, ya por ambos a la vez.
El artista, con sus manos, que interpretan lo que intuye el alma, pone al alcance de la limitada cotidianeidad del hombre común, algunas ráfagas de la misteriosa infinitud. Por eso nos preguntamos ¿qué ideas arquetípicas, qué imágnes arcaicas, qué terrores, que anhelos se encierran en estas series de figuras tanto concretas como abstractas?
Nuestros aborígenes eran grandes observadores de la naturaleza -cielo, plantas, animales en general, aves, en especial- con los que convivían en contacto permanente. La observación constante les permitía sacar enseñanzas y conclusiones (aún hoy vigentes en campesinos de tierra adentro): por qué canta el sapo antes de la lluvia, por qué algunas aves se bañan en seco y luego llueve; por qué otras (el suri, por ej.) corren abriendo las alas cuando se avecina una tormenta o aún antes de que aparezcan sus primeros indicios.

Alba Omil

Extraído del libro Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

viernes, 18 de mayo de 2007

El estilo de Octavio Cejas

Cronológicamente, Octavio Cejas pertenece a la generación del 60 pero no forma parte de ella: es un francotirador tardío que no absorbió los códigos que el contexto socio-cultural ofrecía en esos momentos. Él estaba en otra cosa, en otro mundo, ocupado con su tarea de maestro rural y dedicado con pasión, a vivirla. Tenía, también, otros modelos, fundamentalmente Luis Franco. Después –veinte años después– entró Cortázar en su hábitat. Y entró con todo, a tal punto que –el mismo Cejas lo reconoce– establece un mojón en su vida literaria y delimita dos épocas: antes y después de Cortázar. Pero la influencia se circunscribe al tratamiento de la forma narrativa porque nuestro autor continúa fiel a sus temas, a sus registros de oralidad –léxico, sintaxis, tono-, a su espacio textural y a sus personajes. Es que en este aspecto no podía cambiar porque sus intereses son otros, el perfil del hombre que él indaga interiormente, es otro, otra cosmovisión, otra manera de ser en el mundo. […]
Cejas se adueña de un tiempo remoto –historia y leyenda– y lo fija en sus textos, tal vez por cariño, tal vez como un testimonio de adhesión o devoción, tal vez movido por el deseo de fijarlo para que no se pierda. Y así aparece, polivalente, múltiple y estratificado, el tiempo de la América nuestra –pasado pre-colombino-; el tiempo del conquistador; el tiempo campesino de hoy, tan lejos de las ciudades. A veces cada palabra es un reservorio y hay que recurrir al glosario para descubrir que ella encierra un pequeño mundo de significaciones estratificadas. Pero ese tiempo porta su propio espacio que también se ubica exactamente conformando la diégesis. Y Cejas recupera la voz de la gente que ocupa esa diégesis, y lo hace en forma permanente y total: verbaliza su literatura no sólo en los parlamentos. Hay una similitud expresiva en la voz del sujeto del enunciado, de manera que la oralidad impregna todo el texto literario. […]

Alba Omil

Extraído del Estudio preliminar al libro Real Sayana (Relatos), de Octavio Cejas. EUDET (Editorial Universidad de Tucumán), Tucumán, Argentina, 1991.

jueves, 17 de mayo de 2007

Todo bicho que camina...

Si revisamos la forma de alimentación de nuestros campesinos del NOA, sobre todo de aquellas zonas más alejadas de los centros urbanos -monte adentro y cerro adentro- hemos de ver que se mantienen algunas costumbres alimentarias heredadas de los aborígenes y/o transformadas en la época de la colonia.
Hemos reunido aquí un pequeño repertorio tanto de comidas como de su preparación, que resulta muy interesante por su calidad y por su variedad.
El suri (ñandú o avestruz americano): era animal sagrado para los nativos -simbolizaba la nube- y en consecuencia, respetado en las cacerías. Adán Quiroga señala otro hecho: la importancia de sus nidadas. Cada huevo equivale más o menos a una docena de los de gallina, lo que resultaba importante para su alimentación. Habrá que agregar a esto que la carne del suri es seca, dura y muy fibrosa, es decir poco propicia para la alimentación. Pero los huevos podrán convertirse en apetitosas tortillas.

Tortilla de huevos de avestruz: no rompían el huevo, lo perforaban en ambos extremos, dejando la cáscara intacta para luego decorarla y, atravesada con un hilo, colgarla en la casa para prevenir los rayos, o como simple adorno, costumbre que se mantiene hoy en muchos hogares campesinos. Al huevo, condimentado y mezclado con rodajas de papas fritas o hervidas, lo colocan en una lata untada con aceite, que tapada, se cocina a las brasas.

Dos sabrosas variantes:
-Al huevo batido, en lugar de papas o sin omitirlas, se le agrega la siguiente preparación: cebolla frita, algo de ajo y charqui (carne seca típica) previamente asado y molido en mortero. Se hace la tortilla y se cocina del modo indicado.
-Se hace un puré de papas bien condimentado y se arma un pastel relleno con la mezcla a la que se le pueden agregar pasas de uva. Se lo cuece al horno o a las brasas.

Alba Omil

Extraído del libro Comidas regionales. Noroeste Argentino. Ingredientes y un poco de historia, de varios autores. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, segunda edición corregida, 2004.

miércoles, 9 de mayo de 2007

El problema del Mal

Introducción

Para el presente trabajo hemos seleccionado cuatro grupos de relatos orales aparentemente autónomos (La Salamanca, el Familiar, las luces malas, los tesoros ocultos) aunque, en realidad, podrían unificarse en un solo bloque mayor que los incluyera a todos confiriéndoles unidad temática y conformando una entidad orgánica y coherente. En efecto, este cuerpo mayor estaría atravesado por un eje común –el problema del mal- y por una serie de meridianos temáticos –ámbitos oscuros, iniciación, relación con el Otro Mundo-, a los que habría que agregar algunos motivos recurrentes –brujos, seres extraños y una fauna típica en la que predominan el sapo y la serpiente- que operan a modo de conectores semánticos.
El problema del mal está estrechamente vinculado al demonio cuyas personeras, servidoras y claves de acceso son las brujas. El demonio resume en sí todas las fuerzas negativas, y representa el centro de la noche, en oposición a Dios que es el centro de la luz (Chevalier-Gheerbrant: Diccionario de Símbolos. Barcelona, 1986). Puede asumir diferentes formas para manifestarse a los humanos: serpiente, cabrón, sapo, etc. […]

Los relatos recogidos pertenecen, en buena parte, al ámbito del Noroeste Argentino y, en menor cantidad, a diferentes países de Latinoamérica. El procesamiento de todo este material, el rastreo y comparación de algunos motivos nos han permitido marcar puntos recurrentes que atraviesan el continente latinoamericano, y que podrían ser tomados como uno de los elementos unificadores de nuestros pueblos: leyendas, creencias, relatos, temas, motivos que se repiten y que brindan la posibilidad de diversos estudios transdisciplinarios. En este caso nos interesa el problema del Mal: las metáforas que lo encierran, la diversidad de formas que asume, su tránsito por los cuatro grupos de narraciones seleccionados, los conectores semánticos […]

Alba Omil

Extraído del libro El problema del mal en cuatro leyendas regionales, de Alba Omil (Directora de proyecto). Consejo de investigaciones de la Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán, Argentina, 2ª edición, 1990.

viernes, 30 de marzo de 2007

Introducción a lo demoníaco en los mitos del NOA

Petroglifos en la Gruta de Siquimi. Extraído del libro de Adán Quiroga: Petrografías y Pictografías de Calchaquí, 1931.


Dentro de esa realidad que constituye el mito, hay profundas y oscuras revelaciones. Ellos, los mitos, a partir de una tradición inmemorial, encierran las respuestas a preguntas fundamentales que se ha venido planteando el hombre desde siempre: entre otras, las relacionadas con el Bien y sobre la existencia del Mal.
Estas respuestas no tienen carácter discursivo ni racional. Elusivas y misteriosas, sus formas predilectas son la metáfora y el símbolo, y es allí donde se objetiva lo inasible.
Una "criptografia metafísica" -diríamos con palabras de Karl Jaspers- que, mediante lo visible, consigue revelar los interrogantes más oscuros y más profundos.
Allí incluimos no sólo los problemas del Bien y del Mal: también las figuras demoníacas que se vinculan con el segundo: "[el hombre] recurrió a la existencia de dos principios distintos, y aún opuestos, uno favorable, el otro maléfico [...] y está solicitado para ingresar en uno de los dos campos adversos que se dividen el universo" (Goguel).
En el presente trabajo procuramos acercarnos al mundo mítico del Noroeste Argentino, con especial y casi exclusivo énfasis en el ámbito diaguita-calchaquí, en busca de los rastros que nos ha ido dejando el pasado, particularmente a través de relatos orales que la tradición conserva, todavía, en boca de algunos memoriosos. No infrecuentemente esos relatos tienen alguna vinculación con otras muestras del arte: esculturas, ceramios, petroglifos, pictoglifos. De la complementación surgen significantes cuyos mensajes intentamos develar.
Adán Quiroga señala la importancia trascendental de los petroglifos calchaquíes, donde, "por regla general, está ideológica o simbólicamente" expresado el pensamiento secular del indio; y agrega que las más de las veces, las piedras que se graban son rocas sagradas sobre las que se hace un voto a las divinidades, como si sirvieran de altares al aire libre.
Nuestro enfoque apunta en especial -aunque no excluyente- a un ángulo, de por sí amplio, profundo, misterioso y difícil: lo demoníaco, las fuerzas oscuras que se le vinculan. Avanzaremos hasta donde sea posible.
Los relatos que aquí reunimos pasan todos por un mismo eje: el problema del mal y dan cuenta de cómo se lo plantean -y plantearon- o tratan (ron) de resolverlo el individuo primario, el imaginario popular.
Este estudio, por su naturaleza, nos exige un orden cronológico y una clasificación previa: antes y después de la llegada del español. Ambas etapas ofrecen marcadas diferencias; algunas saltan a la vista; otras, con testimonios sepultados por diferentes causas, quizás nunca se puedan recuperar.
La primera de esas dos etapas (antes de la llegada del español) es la ardua; en la segunda ya caminaremos con más seguridad, dada la mayor abundancia de testimonios a nuestro alcance.

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.