martes, 16 de agosto de 2011
La hechicería en las culturas prehispánicas
jueves, 21 de enero de 2010
La lechuza

La lechuza tiene un lugar importante dentro de la imaginería indígena: aparece grabada en las piedras, en los ceramios, hay urnas funerarias de párvulos que adoptan sus formas ¿por qué?
El doctor Orlando Bravo (Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del Noroeste Argentino, UNT, 2001, p.32) señala que en la llamada Piedra Pintada de San Pedro de Colalao (lugar sagrado y observatorio astronómico) hay grabada una interesante figura de lechuza que está como protegiendo a un pichón o búho pequeño. Es la que primero recibe los rayos del sol porque es la figura que está ubicada más al levante. El Dr. Bravo piensa que, para los aborígenes, era una aliada de la noche, la que veía en las tinieblas.
Quizás era por eso que figuraba en las urnas funerarias: una invocación para que acompañe al difunto, para que no se pierda entre las sombras de la muerte.
Adán Quiroga (1931) describe así a esta figura de la Piedra Pintada: "La sexta figura que luego se repite con su cara de aspecto de lechuza y semejante a algunos de los llamados ídolos personales", acerca de los cuales no podemos menos que preguntarnos ¿por qué una figura de lechuza como amuleto?
Para empezar, tenemos que tener en cuenta que en las culturas precolombinas del NOA, la lechuza no cargaba el sema de agorera ni el de funesta ni el de acompañante de brujas que introdujeron los españoles. Al contrario, si el dibujo del ave aparece en las urnas funerarias es porque de algún modo estaba vinculada al trasmundo [...].
domingo, 23 de noviembre de 2008
Demonios guardianes de tesoros

En el ámbito universal hay relatos sobre este tema, que se multiplica en el espacio y en el tiempo.
En el Noroeste argentino, el tema de los "tapados" es de vieja data: ¡Cuántos monumentos megalíticos se han destruido por buscar tapados! La tradición conserva vivo este tema gracias a algunos ingredientes que no varían: los tapados existen; algunos ya han sido desenterrados, prueba evidente de su existencia; muchos continúan siendo buscados.
En el Nuevo Mundo podemos encontrar antecedentes lejanos: Veamos lo que dice David Granada (1896): "Raro es el cerro, peñasco o escarpado, desde la Cordillera de los Andes hasta las comarcas del Uruguay, Paraná y Paraguay, que no tenga una 'salamanca' o cueva encantada, que no encierre considerables riquezas de oro y plata en sus entrañas [...], que no emita luces y resplandores que a veces iluminan una vasta extensión del territorio".
Acerca de estas luces hay un ponderable corpus de leyendas: la luz mala, o el farol (Omil, 1988 y 1989), Ambrosetti (1976, 111) .
Son muchas las explicaciones sobre el origen de estos tesoros:
"Esos tesoros son antiguas minas que hoy los aborígenes ocultaron, 'taparon' para sustraerlas de la codicia española: guacas, enterratorios de caciques, con las alhajas que tuvieron en vida.
El supuesto tesoro enterrado de los Jesuitas con motivo de su expulsión.
El que los comerciantes acaudalados enterraron antes de huir al Perú, cuando estalló la revolución de mayo.
El tesoro del rescate de Atahualpa.
Los tesoros aborígenes".
Con cada uno de estos temas puede elaborarse un corpus de relatos orales, algunos de fuerte tenor mítico.
De este amplísimo abanico sólo nos interesan aquellos relatos donde aparecen como custodios, seres demoníacos, o almas irredentas, y ubicados en el ámbito del Noroeste argentino.
En otra ocasión relatamos la bellísima historia del cerro Cierra-puesta, con su increíble tesoro custodiado por una diabla coja conocida como Patasola (Omil, 1988 y 1989) . Ahora nos detendremos en otras, no menos llamativas: la del Curu-curu, la del Zorrito, y la del cerro Tres cruces. Cada uno de estos núcleos ha generado una red de historias sobre fabulosos tesoros ocultos en las sierras de Salta y aún no descubiertos [...]
viernes, 9 de mayo de 2008
Antes de la llegada del español
Ha sido tan grande, tan fuerte, tan avasalladora y tan feroz la presión espiritual del conquistador español, que es como si a través de él hubiera caído un espeso aluvión de lodo sobre toda la cultura anterior: no quedan sino vestigios. Sobre esos fragmentos sueltos y aislados trataremos de trabajar: establecer nexos, comparaciones, soldaduras, para recuperar algo, como ya lo hicieron los investigadores precedentes.
Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.
jueves, 1 de noviembre de 2007
Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del NOA
Este es un libro de acercamiento a esas culturas, escrito por alguien que ha vivido las sensaciones antedichas y que tiene toda la autoridad del que habla de temas que ha trabajado mucho, y que domina, ama y respeta.
Orlando Bravo es un conocido estudioso de las grandes culturas andinas. Doctor en Física, ha combinado sus competencias en este territorio, con una larga experiencia de andinista (que le permitió observar in situ los hechos durante muchos años), y con su sólido conocimiento del cuadro general de las culturas mencionadas.
Rastreó, midió, calculó, comparó, analizó, sacó fotografías, trazó laboriosos gráfícos, para luego brindarnos el testimonio difícilmente refutable de las cifras: aquel que aportan las matemáticas y la física.
El presente trabajo delimita su territorio en el noroeste argentino, siempre con referencia a los grandes centros culturales precolombinos, y se convierte en valioso aporte al corpus que constituyen los estudios sobre Machu Picchu y Tiwanaku, ruinas medulosamente conocidas por el Dr. Bravo, y que no infrecuentemente le sirven de referencia.
Estas ruinas aborígenes, por lo general situadas a gran altura (a veces superior a los 4000 msnm) nos hablan de lugares donde la nieve reina, el frío se enseñorea sobre todo lo viviente y los inviernos son crueles. Pero donde también brilla el sol, intenso y ardiente, en cielos tan azules, tan límpidos, y madura los frutos, y a lo largo de su curso va sembrando y manteniendo la vida. Estas razones serían un factor quecontribuiría a abonar los cultos solares
Los nativos, pues, debian seguir el curso del sol para "acomodar" los labrantíos, las siembras, el riego, las terrazas, los canales, la recolección de frutos, para determinar y calcular las pariciones, para reglar las actividades cotidianas, para organizar la vida tanto económica como doméstica, para prevenir situaciones, es decir, para organizar el futuro.
Nuestros nativos, como los de Tiwanaku, como los del Cuzco, como los Aztecas y los Mayas, tuvieron sus cultos solares, pero debajo de ellos, y sosteniéndolos, estuvieron sus avanzados conocimientos astronómicos: seguir el curso del sol a lo largo de los días, y quizás, reglar las ceremonias para que no se alejara para siempre, para que retornase en el tiempo calculado (la religión y la ciencia en una unión indisoluble); marcaron con precisión matemática los solsticios y los equinoccios, época de las grandes celebraciones solares en las que ataban al sol para que no se fuera, abandonándolos. A través de sus construcciones en piedra, de sus ventanucos ad hoc, de menhires, de bajorrelieves en la roca, podían seguir el curso del sol a lo largo del año. Así construyeron sus calendarios pétreos. En base a ellos organizaban sus vidas y la vida de la comunidad.
Leer al Dr. Bravo es empaparse de su saber, trasmitido en lenguaje asequible, no obstante la aridez que circunstancialmente puede presentar el tema, sobre todo para aquellos que no transitan con facilidad por el mundo de los números y de la física.
viernes, 22 de junio de 2007
La Salamanca. Primer grado
Hay antecedentes lejanos de este motivo. Ya podemos verlo entre los grabados del padre Guaccius. Tiene un sentido de purificación, de limpieza y ruptura con el pasado. Las purificaciones son usuales en todos los Misterios. Las encontramos en la cultura de la Tene y en los Misterios de Eleusis, donde, por otra parte, para la iniciación se requería un padrino ateniense, por motivos políticos en los que aquí no nos detendremos, y "el que sin estar iniciado violara los misterios, podía pagar con la vida" (Burkhardt, J. Historia de la Cultura Griega. T. II. Barcelona: Iberia, 1953, p. 234).
Como el aspirante a ingresar a la salamanca, debe contar con un padrino, si no lo tiene y por ello no puede ubicar la cueva, o el lugar de reunión, y quiere conectarse, debe penetrar solo, a la medianoche, en la selva cerrada y allí invocar al demonio -sin portar ninguna imagen ni elemento sagrado-, desnudarse y esperar.
Si se aparece el diablo, conversarán, se establecerá el pacto y se trasladarán a la cueva, o al sitio de reunión, siempre por lugares totalmente desconocidos y laberínticos en donde, al aspirante, le resultará muy difícil orientarse en el caso de que se eche atrás en su propósito.
Por lo general estos relatos no están en boca de sus protagonistas. Siempre aparecen como relación de un tercero. A lo sumo, el relator puede confesar que lo invitaron y que llegó a la primera etapa de la ceremonia pero que no quiso abjurar de la fe y se volvió.
Los curiosos son severamente castigados.
miércoles, 13 de junio de 2007
Los menhires
Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]
jueves, 7 de junio de 2007
La Creación. Su simbolismo
Sólo el símbolo puede fundir diversos elementos en una expresión global única. Asi tenemos que admitirlo al observar algunas figuras creadas por los aborígenes y recreadas por Aníbal Carrillo.
"Un símbolo nunca es completamente abstracto" -señala Jolande Jacobi-, es siempre abstracto y 'encarnado'" (Complexe, Archétype, Symbole, Neuchatel (Suisse): Ed. Delachaux & Niestlé, 1961: 67). El aborigen en sus ceramios ha combinado ambas formas: humanas y animales, perfectamente identificables; alternan, o se combinan con otras, abstractas: círculo, cubo, cruz, esfera, punto, espiral. Pero siempre son imágenes -o series de imágenes- perceptibles ya por el ojo, ya por la mente humanos, ya por ambos a la vez.
El artista, con sus manos, que interpretan lo que intuye el alma, pone al alcance de la limitada cotidianeidad del hombre común, algunas ráfagas de la misteriosa infinitud. Por eso nos preguntamos ¿qué ideas arquetípicas, qué imágnes arcaicas, qué terrores, que anhelos se encierran en estas series de figuras tanto concretas como abstractas?
Nuestros aborígenes eran grandes observadores de la naturaleza -cielo, plantas, animales en general, aves, en especial- con los que convivían en contacto permanente. La observación constante les permitía sacar enseñanzas y conclusiones (aún hoy vigentes en campesinos de tierra adentro): por qué canta el sapo antes de la lluvia, por qué algunas aves se bañan en seco y luego llueve; por qué otras (el suri, por ej.) corren abriendo las alas cuando se avecina una tormenta o aún antes de que aparezcan sus primeros indicios.
viernes, 18 de mayo de 2007
El estilo de Octavio Cejas
Cejas se adueña de un tiempo remoto –historia y leyenda– y lo fija en sus textos, tal vez por cariño, tal vez como un testimonio de adhesión o devoción, tal vez movido por el deseo de fijarlo para que no se pierda. Y así aparece, polivalente, múltiple y estratificado, el tiempo de la América nuestra –pasado pre-colombino-; el tiempo del conquistador; el tiempo campesino de hoy, tan lejos de las ciudades. A veces cada palabra es un reservorio y hay que recurrir al glosario para descubrir que ella encierra un pequeño mundo de significaciones estratificadas. Pero ese tiempo porta su propio espacio que también se ubica exactamente conformando la diégesis. Y Cejas recupera la voz de la gente que ocupa esa diégesis, y lo hace en forma permanente y total: verbaliza su literatura no sólo en los parlamentos. Hay una similitud expresiva en la voz del sujeto del enunciado, de manera que la oralidad impregna todo el texto literario. […]
jueves, 17 de mayo de 2007
Todo bicho que camina...
miércoles, 9 de mayo de 2007
El problema del Mal
El problema del mal está estrechamente vinculado al demonio cuyas personeras, servidoras y claves de acceso son las brujas. El demonio resume en sí todas las fuerzas negativas, y representa el centro de la noche, en oposición a Dios que es el centro de la luz (Chevalier-Gheerbrant: Diccionario de Símbolos. Barcelona, 1986). Puede asumir diferentes formas para manifestarse a los humanos: serpiente, cabrón, sapo, etc. […]
Los relatos recogidos pertenecen, en buena parte, al ámbito del Noroeste Argentino y, en menor cantidad, a diferentes países de Latinoamérica. El procesamiento de todo este material, el rastreo y comparación de algunos motivos nos han permitido marcar puntos recurrentes que atraviesan el continente latinoamericano, y que podrían ser tomados como uno de los elementos unificadores de nuestros pueblos: leyendas, creencias, relatos, temas, motivos que se repiten y que brindan la posibilidad de diversos estudios transdisciplinarios. En este caso nos interesa el problema del Mal: las metáforas que lo encierran, la diversidad de formas que asume, su tránsito por los cuatro grupos de narraciones seleccionados, los conectores semánticos […]
viernes, 30 de marzo de 2007
Introducción a lo demoníaco en los mitos del NOA
Petroglifos en la Gruta de Siquimi. Extraído del libro de Adán Quiroga: Petrografías y Pictografías de Calchaquí, 1931.
Dentro de esa realidad que constituye el mito, hay profundas y oscuras revelaciones. Ellos, los mitos, a partir de una tradición inmemorial, encierran las respuestas a preguntas fundamentales que se ha venido planteando el hombre desde siempre: entre otras, las relacionadas con el Bien y sobre la existencia del Mal.
Estas respuestas no tienen carácter discursivo ni racional. Elusivas y misteriosas, sus formas predilectas son la metáfora y el símbolo, y es allí donde se objetiva lo inasible.
Una "criptografia metafísica" -diríamos con palabras de Karl Jaspers- que, mediante lo visible, consigue revelar los interrogantes más oscuros y más profundos.
Allí incluimos no sólo los problemas del Bien y del Mal: también las figuras demoníacas que se vinculan con el segundo: "[el hombre] recurrió a la existencia de dos principios distintos, y aún opuestos, uno favorable, el otro maléfico [...] y está solicitado para ingresar en uno de los dos campos adversos que se dividen el universo" (Goguel).
En el presente trabajo procuramos acercarnos al mundo mítico del Noroeste Argentino, con especial y casi exclusivo énfasis en el ámbito diaguita-calchaquí, en busca de los rastros que nos ha ido dejando el pasado, particularmente a través de relatos orales que la tradición conserva, todavía, en boca de algunos memoriosos. No infrecuentemente esos relatos tienen alguna vinculación con otras muestras del arte: esculturas, ceramios, petroglifos, pictoglifos. De la complementación surgen significantes cuyos mensajes intentamos develar.
Adán Quiroga señala la importancia trascendental de los petroglifos calchaquíes, donde, "por regla general, está ideológica o simbólicamente" expresado el pensamiento secular del indio; y agrega que las más de las veces, las piedras que se graban son rocas sagradas sobre las que se hace un voto a las divinidades, como si sirvieran de altares al aire libre.
Nuestro enfoque apunta en especial -aunque no excluyente- a un ángulo, de por sí amplio, profundo, misterioso y difícil: lo demoníaco, las fuerzas oscuras que se le vinculan. Avanzaremos hasta donde sea posible.
Los relatos que aquí reunimos pasan todos por un mismo eje: el problema del mal y dan cuenta de cómo se lo plantean -y plantearon- o tratan (ron) de resolverlo el individuo primario, el imaginario popular.
Este estudio, por su naturaleza, nos exige un orden cronológico y una clasificación previa: antes y después de la llegada del español. Ambas etapas ofrecen marcadas diferencias; algunas saltan a la vista; otras, con testimonios sepultados por diferentes causas, quizás nunca se puedan recuperar.
La primera de esas dos etapas (antes de la llegada del español) es la ardua; en la segunda ya caminaremos con más seguridad, dada la mayor abundancia de testimonios a nuestro alcance.
Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.


