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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Victoria Ocampo y la Generación del 37

Ha vivido siempre adelantada a su tiempo, como ocurrió con los hombres del 37, soñando, previendo, cimentando la Argentina del futuro, sin mentalidad colonial ni ataduras de aldea, abierta al mundo y al porvenir. Como ellos. Y en verdad se les parece bastante, en muchas otras cosas: tiene ideas ordenadas, anticipatorias y audaces como Echeverría (recuérdese el Dogma Socialista, matriz madre de todo un pensamiento generacional y de los grandes libros que lo subseguirían: Facundo, las Bases); tiene el pensamiento sutil, mordaz, de estilete de Juan Bautista Alberdi; el decir apedreante, sin pelos en la lengua, de Sarmiento, el visionario. Su proximidad con Sarmiento quizás sea mayor que con el resto de los miembros de esa generación. Cuando en 1938, en el N° 46 de Sur hace la defensa de la Inteligencia, habla del sanjuanino y citándolo afirma: "Si algún resultado positivo han dejado las terribles revoluciones que han agitado la Europa, es sin duda el de poder emitir los hombres sus ideas sin rodeos ni amaños, cualquiera que sea la materia que se trate". [...]

Alba Omil

Extraído del libro Frente y Perfil de Victoria Ocampo, de Alba Omil. Editorial Sur, Buenos Aires, Argentina, 1980.


jueves, 27 de septiembre de 2007

Victoria Ocampo, la testigo

Como testigo, Victoria Ocampo tiene un doble mérito: el de una mujer longeva, y para colmo inteligente, que ha visto tantos cambios en el mundo casi a lo largo de un siglo (siglo en el que todo corre y se transforma tan velozmente) que casi podemos hablar de dos mundos: "He vivido en la época en que pasar el Canal de la Mancha en avión se consideraba una hazaña sin par. Hoy vivo en la época en que cualquier persona, sin asomo de heroísmo, cruza el canal, cruza la cordillera, cruza el Atlántico sin pestañear... Yo siempre pestañeo. He vivido en la época en que una mujer no podía encender un cigarrillo en la confitería París de Buenos Aires sin que un mozo le pidiese que lo apagara, ni seguir una carrera, o reclamar el voto sin que se rieran de sus pretensiones; ni manejar un auto sin que le gritaran algo insultante en una bocacalle. He conocido ese mundo y al de ahora en que se nombra juez a una mujer argentina porque lo merece; en que la señora Pandit, una mujer india, ha ocupado el puesto de presidente de las Naciones Unidas porque lo merece. Dos mundos". Todo esto ha visto. Todo esto ha vivido. De todo ha sido testigo activa y de todo da testimonio porque tiene facilidad para contarlo.
"Soy un escritor que se leerá de aquí a cincuenta años para saber qué pasaba en el corazón de los argentinos de mi época". Pero Victoria Ocampo se queda corta: ella no sólo ha dado testimonio de su época tal como Juan Ruiz lo dio de la suya, humildemente, cotidianamente: de aquí a cincuenta, o a cien años, si hasta entonces alguna bomba sofisticada, montada en pálido caballo no ha dado cuenta del mundo, algún investigador encontrará en los Testimonios un admirable documento de la época (¡así hablaban los argentinos!): las palabras locro, humitas, galán de noche, junto a una serie de expresiones idiomáticas a las que el curso veloz del habla habrá dejado atrás, reemplazándolas por otras.

Alba Omil

Extraído del libro Frente y Perfil de Victoria Ocampo, de Alba Omil. Editorial Sur, Buenos Aires, Argentina, 1980.

jueves, 21 de junio de 2007

Frente y perfil de Victoria Ocampo. Aclaración preliminar.

Este libro (en originales) llegó a manos de V.O. dos semanas antes de su partida, cuando ya agotada por el dolor, estaba con sus fuerzas disminuidas. No obstante ello, lo leyó minuciosamente, comentando a cada paso, acotando, revisando, corrigiendo. Y este hecho viene a demostrar que esta mujer no sólo fue un ejemplo de verticalidad y de conducta, sino también un ejemplo de vida y de muerte. La esperó trabajando, como un obrero junto a su herramienta, como un labrador frente a su arado, como un soldado junto a su fusil. Seres de esta pasta les hacen falta a estos pueblos jóvenes, que están gestando su desarrollo.
Cansada ya de dar, en esta vida, se fue a la gloria dando, ratificando una vez más su condición de patricia ejemplar, para los que seguimos.
Olfativa como era, en sentidos literal y metafórico, había empezado a olor la llegada, el momento de este viaje. Y lo esperó altiva y sin lamentos: "No hablemos de eso", dice aludiendo a su dolor físico, en la que, creemos, fue su última carta. Es que estaba hecha de la madera de nuestros viejos criollos, de esos que, arañando la tierra argentina, labraron su grandeza.
Su vida, su larga vida, iba cargándose de muertos: una fuerza imponderable le arrancaba los amigos como si a un viejo árbol le arrancasen, uno a una, sus ramas. Porque toda ella fue eso: un inmenso árbol: floreció copiosamente, dio frutos hasta el cansancio, sus semillas se esparcieron por todos los puntos de la tierra; a su sombra se cobijaron innumerables viajeros; su casa queda como un nido, para los que continúen llegando. Como los viejos árboles ha caído, y como en ellos, de sus raíces han de brotar nuevas plantas: ya están frondosas las ramas de su gloria y son inocultables las copas de aquellos otros que tienen el inconfundible aire familiar y así demuestran que V.O. fue una escritora que hizo escuela. Por su temperamento, por su estilo, por su asombroso dominio de la palabra, no podía haber sido de otro modo.
Siempre ha escrito cartas de despedida a sus amigos queridos que habían dicho "adiós a la hermosura de la tierra". Ahora ella ha ido a reunírsles, a gozar con ellos de la que, creemos, ha de ser una constante primavera rosa y verde. De este lado, alguien que en estos momentos trata de hilvanar estas líneas, ha quedado debiéndole una carta.

Alba Omil

Extraído del libro Frente y Perfil de Victoria Ocampo, de Alba Omil. Editorial Sur, Buenos Aires, Argentina, 1980.