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jueves, 28 de abril de 2011

Idiosincracia argentina


[...] De lo antedicho poemos extraer algunos rasgos de la idiosincracia argentina, según lo refleja nuestra literatura:
[...]
d) Viveza criolla, que tiene una muy estrecha vinculación con el rasgo anteriormente denotado (cierto extraño pudor que le impide mostrar su intimidad, mostrarse tal cual es). Esta viveza se exterioriza -entre otras formas- en la costumbre de "tomar el pelo", de "sobrar" al prójimo, en la "cachada". Uno de los factores que le han dado origen es un marcado acentramiento del yo y cierta megalomanía típica; el argentino, sobre todo el porteño, se siente dueño del mundo. Esta "viveza" es casi exclusiva del porteño. En otras capitales del mundo -Madrid, París, Londres- no aparece y ha sido reemplazara por cierta suficiencia o cierto aire de superioridad en el trato al que viene de afuera o de "adentro". Pero hay otros factores que entran en su génesis; uno de ellos es la inmigración: esta viveza nació como una forma de defensa -y por qué no de venganza- del criollo frente al "gringo" que avanzaba e iba quitándole cada vez más espacio y más protagonismo. Pero no es exclusiva del nativo porque, con el tiempo, va a pasar al hijo de inmigrante quien la ejerce esgrimiéndola un poco como carta de ciudadanía; pero también por otras razones, cubrirse a sí mismo de la burla y el escarnio ajenos; evitar que le hicieran a él lo que le habían hecho a sus mayores, y vengarlos aunque fuera inconscientemente. Este rasgo le viene muy bien al hijo de inmigrante, todavía inseguro, porque le crea una consciencia de superioridad frente al burlado, lo afirma en su propio yo, que se enseñorea frente al infeliz que "cae", víctima de sus chanzas [...]

Alba Omil

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

domingo, 15 de junio de 2008

José Bianco. "Sombras suele vestir"


Borges ha dicho: "Como el cristal, o como el aire, el estilo de José Bianco es invisible". Quizá metaforizaba; acaso hiperbolizaba. Lo cierto es que estaba refiriéndose a un estilo sutil, inaprehensible casi. Tal vez sea aventurado tratar de investigarlo. Es tan frágil, tan etéreo, que intentar la indagación de sus secretos podría ser tenido como una violación, o podría suponer el peligro de destruir su magia. Pero no: procuraremos conservarlo intacto, preservar en todo momeno su trémula hermosura. Nuestro acercamiento ha de ser sólo un intento de interpretación para contribuir al goce de su belleza y, tal vez, para que esa belleza pueda servirnos de enseñanza.
Se trata, sin duda, de un estilo donde todo está pulido y ajustado hasta el detalle; donde cada procedimiento ha sido madurado antes de aplicarse, pero todo es tan imperceptible que ni siquiera se nota la elaboración.
El protagonismo pertenece a la historia, que nos capta y nos domina desde el comienzo hasta el final de Sombras suele vestir, ese cuento formidable, con un título estupendo, proporcionado por un poema de Góngora:

"El viento armado que en veloz carrera
sombras suele vestir, de bulto bello".

Al iniciar la lectura, el lector se encuentra como perdido porque el autor lo mete de lleno en la vida de una familia donde hay personajes cuya ubicación desconoce: dos mujeres que son apenas un nombre; una voz que no se sabe a quién pertenece, que va ocupando el centro de la narración pues a través de su memoria y de su conciencia, hace su relato un enunciador omnisciente. Sumemos a ello, un escenario más claramente esbozado que los personajes (casa de inquilinato, cuadro de miseria) y una desarticulación del tiempo que será en definitiva, el instrumento esencial del misterio, del clima de irrealidad y hasta del desenlace. Estas anacronías están ajustadas al fluir de la memoria: el autor presenta los sucesos tal como aparecen en la mente del que evoca, sin ninguna fidelidad cronológica [...]

Alba Omil

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Eduardo Mallea y la preocupación nacional

Cuando Mallea se refiere al conjunto de su obra habla de "un sistema" unificado por ciertas preocupaciones. Este sistema espeja un profundo pero claro y organizado mundo interior, su cosmovisión, su filosofía de la existencia, sus principios éticos, sus reglas de conducta, su preocupación estética, sus búsquedas y desvelos.
Toda su obra está recorrida por una serie de temas-obsesiones que le dan unidad. Uno de ellos, acaso el eje al que están supeditados todos los demás, es lo que él mismo ha dado en llamar "una vocación de conducta", que se objetiva en la búsqueda del hombre auténtico: "hay que hacerlo aflorar, hay que hacerlo sobrevenir dentro de uno mismo, en el país, en el universo". Pasión, dudas, desaliento pero siempre compromiso y lucha son las formas que asume ese eje vertebrador. Son las constantes. Esa lucha tiene que expresarse entre un doble juego permanente de apariencia y realidad -lo visible y lo oculto- en el que hay que desbrozar la primera parte para llegar a la segunda. Allí, en el ámbito de la realidad ha de encontrar al hombre sumergido pero auténtico (libertad, verticalidad, trabajo, responsabilidad, austeridad, hombría de bien), al país profundo; al mundo oculto y verdadero; al escritor auténtico y agonista. Así llegamos a sus grandes meridianos temáticos:

El país profundo
El hombre interior
El mundo verdadero
El escritor activo [...]


Alba Omil


Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

miércoles, 25 de julio de 2007

El Aleph, de Borges


En 1949, Borges publica su tercer libro de narraciones breves, cuyo último cuento -El aleph-, le da el título.
De algunos aspectos de este cuento vamos a ocuparnos ahora.

El título

Aleph, la primera letra de la Cábala, que implica a su vez la cábala completa, parte de cuya sabiduría está, de algún modo, contenida en el cuento precitado.
Son tres los principios fundamentales de la Kabbala que están sosteniendo, y explicando, desde el fondo temático, el mensaje profundo de este cuento (*).
1. El concepto de absoluto (encerrado en el pequeño aleph de la casa de Carlos Argentino Daneri, aleph que, a su vez, encierra la totalidad del mundo visible, real y posible, presente, pasado y futuro).
2. La evolución del universo (registrada en forma vertiginosa por el aleph de la calle Garay).
3. La permanente comunicación mística entre Dios, la Naturaleza y el hombre (el aleph de la calle Garay es imponderable, inexplicable, inaprehensible por parte de la mente humana. Y en su vértigo pueden verse la armonía del universo: Dios, la Naturaleza, el hombre).
Los cabalistas representan en forma simbólica los tres atributos de la divinidad, por tres letras yod encerradas en un triángulo equiátero.
1er atributo: la eternidad;
2do atributo: la extensión infinita.
3er atributo: la sustancia.

En estrecha relación con la eternidad, está el tiempo, con su triple división: presente, pasado y futuro.
Dos hechos prueban que Borges manejaba esos conceptos:
1. El contenido profundo del texto, y sus alusiones más o menos directas.
2. Las aclaraciones formuladas en la Postdata.

La eternidad se asocia al infinito. El vertiginoso aleph no tiene fin.
La extensión se vincula con el espacio -y lo origina-. Y aquí Borges implica todas las posibilidades de espacio. Carlos Argentino expresa:
"[...] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos [...] si todos los lugares de la tierra están en el aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de la luz".
El diámetro del aleph sería de dos o tres centímetros pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
La sustancia se vincula a la materia:
"También se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior".
Las aclaraciones de Carlos Argentino aluden concretamente a dos de las fuentes, la Cábala y la Teoría de los conjuntos de Cántor.


Alba Omil

(*) La kabbala o Qabballah encierra la doctrina hebraica; su nombre deriva del hebreo Qabol, que significa sabiduría recibida por tradición. Es decir, la Cábala en sí misma no existe como libro; su doctrina, recibida por tradición oral y conservada celosamente entre unos pocos rabinos, fuera de la masa del pueblo, se registra en libros como el Seper Ha Zohar -Libro del esplendor-, Sepher Jetzirah -Libro de la formación-.
De tradición oral, la Cábala ha sido objeto de codificaciones repetidas a lo largo de los siglos hasta comienzos del renacimiento. Su codificador legendario es Rabbi Simeon Bar Yochai (s. II).
La cábala registra el nombre inefable; el aleph de Borges registra también lo inefable. La cábala es misteriosa; el aleph también lo es. De esta manera, el título del libro es un valioso indicio para descubrir las claves del cuento, ocultas en el lenguaje y sus procedimientos.
Las veintidós letras del alfabeto sagrado, junto con las diez numeraciones (los diez nombres primeros) se unen para formar las treinta y dos vías de la sabiduría. El alfabeto está compuesto de tres letras.

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

lunes, 7 de mayo de 2007

El cuento cortazariano

Los cuentos de Cortázar constituyen una suerte de rico palimpsesto: a medida que se profundiza en ellos, nuevos significados se encuentran.
Todo allí es significante: esas entidades cuentisticas son como laboriosas composiciones musicales donde los componentes, en su totalidad, han sido previamente calculados al milímetro, procesados y luego registrados.
Cortázar conoce bien el territorio y los alcances del cuento: el ámbito limitado dentro del que debe moverse; la dosificación de los materiales que lo componen, el especial tratamiento del lenguaje, las exigencias a la palabra. Con este adiestramiento no le cuesta disponer en forma debida los elementos con que cuenta. Para lograrlo despliega una estrategia organizada de acuerdo a una serie de premisas:
- La historia que relata no concluye en sí misma, es una especie de caja de sorpresas, llena de resortes, que el lector debe accionar a los fines de ampliar ese espectro significativo. De esta manera, un diseño aparente de relato puede cambiar, ahondarse, ampliarse. Así, el cuento puede ser comparable a un átomo infinitamente denso, factible de desintegrarse en cualquier momento, liberando increíbles partículas potenciales, las que, metafóricamente hablando, en el cuento son capaces de generar mundos paralelos al mundo de la historia visible.
- A la vez, esta estructura cuentística prieta, llena de posibilidades, es un reflejo de la concepción del mundo del propio Cortázar.
El cuento es como la vida: mucho más de lo que se ve, una carga supercondensada de potencialidades que pueden ensanchar y/o multiplicar la dimensión espacial; que pueden elastizar el tiempo, tensarlo; que pueden combinarse con el espacio, dando lugar a una dimensión "n", diferente a nuestro concepto de tiempo, pero con elementos de ambos [...].


Alba Omil

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.