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viernes, 16 de noviembre de 2007

Muerte y transfiguración de Martín Fierro


[...] Los problemas políticos y socio-económicos nacionales que están en la base del Martín Fierro, que son la causa de los males del héroe y de su raza, aludidos tangencialmente por Hernández, aparecen en toda su descarnada desnudez en Muerte y Transfiguración... Equivocada, o no, la interpretación de Martínez Estrada se destaca por su vigor, su llaneza, su falta de eufemismos: "Tierra y ganados, mostrencas y cimarrones, pertenecían de hecho al indio. Las campañas llevadas contra él no fueron empresas de civilización sino grandes especulaciones para fundar y consolidar un sistema agropecuario que enriqueciera a un amplio grupo de familias, creando así lo que se ha llamado la aristocracia feudal, dueña de la tierra". Y es esta perspectiva, son estas aclaraciones las que clarifican, a su vez, muchas de las sextinas de Hernández, como la que sigue:

"Hablaban de hacerse ricos
con campos de la frontera;
de sacarla más afuera
donde había campos baldidos
y llevar de los partidos
gente que la defendiera". (2107/12, I)

Estas palabras del Poema se explicitan en las páginas de Martínez Estrada: "la frontera no era una franja de tierra; era una zona movediza que, según los eventos de la contienda, se replegaba o distendía".
Su enfoque es completo: la figura dentro del texto y el texto dentro de un contexto geográfico-socio-político que compromete la historia nacional y va en busca de la raíz de los males. De esta manera, Martínez Estrada va mucho más allá del Poema, a un antes y a un después: "Y como advirtió Sarmiento, mantuvieron su autoridad por la fuerza, quedando en pie la estructura que, después de Martín Fierro, ¿quién denunció?". [...]
Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993.

viernes, 15 de junio de 2007

Martín Fierro. La vigencia

Ciento trece años no es demasiada edad para un libro. En materia de vejez, y en lo que a libros se refiere, quien escribe estas lineas recuerda dos hechos significativos:
1) Un códice del siglo XIV que manejé en la Biblioteca Nacional de Madrid: el pergamino amarillento con manchas marrones, la gran letra miniada, la pulcritud gótica y por ahí, al margen, una minúscula, garabateada florcita, apenas perceptible; fruto quizás del jugueteo, de la abstracción o de la fatiga del copista, era quizás lo único vivo de aquel códice, tembloroso testimonio de humanidad y de vida entre tanta letra muerta, entre tanta idea ya sin vigencia.
2) En los anaqueles de la biblioteca de quien escribe estas páginas, entre una veintena de libros antiguos, un Salustio de 1556 se codea con una primera edición de L'Art Poétique, de Boileau (1674). El cuero crudo de la tapa del Salustio, la apretada gótica, el a veces confuso latín, la minuciosidad de las viñetas, las frecuentes manchas como de óxido que salpican las páginas, hablan del paso de los siglos; muchas de sus ideas, no: continúan vigentes porque hacen a la esencia de la humanidad. Editada un siglo más tarde, no pasa lo mismo con la Poétique: la mayor parte de sus ideas ya no tiene vigencia.
También el humildísimo folleto de la primera edición del Martín Fierro habla de vejez, pero muchas, gran parte de sus ideas, tienen la frescura del día y parecen haber sido registradas como un mandato, para el argentino de estos tiempos, de 1930, de 1945, de 1980, y tal vez de los que vendrán.
Hoy el campo tiene límites y las reses dueños; el tractor ha reemplazado al buey y, en gran medida, el automotor y el avión, al caballo; el gaucho ha desaparecido de la escena argentina, también el indio, los malones, las yeguadas bichocas y la ignominia del cantón de frontera y de la papeleta obligatoria para transitar por la pampa. Pero subsisten muchas cosas: no hace demasiado tiempo era necesario, indispensable, otro tipo de papeleta y un escudito distintivo de afiliación para hacer cualquier gestión, mantener o conseguir empleo y tranquilidad; la no adhesión significaba hambre, exilio, cárcel o el descenso de bibliotecario a inspector de aves en el mercado del Plata. Y "la memoria es un gran don / cualidá muy meritoria".
Continúan vigentes el abuso de autoridad y su contraparte, el acomodo y la complacencia; la renuncia voluntaria a la más elemental verticalidad humana -causas éstas de males mucho mayores- encarnadas en la figura simbólica del viejo Viscacha. En la década del cincuenta Borges escribía, acerca de los consejos: "son parte del retrato y no deberían ser otra cosa; demasiado lo hemos escuchado y aprendido los argentinos, sobre todo el que reza: 'hacete amigo del juez'". (El Aleph en Obras completas, Buenos Aires: Emecé, 1971). Sin embargo los argentinos de hoy podemos advertir cómo se mantiene su vigencia. Y el propósito de Hernández era evitar que se repitieran los ejemplos que él hacía vivir en su Poema: "mas Dios ha de permitir / que esto llegue a mejorar".


Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993. Este ensayo consiguió el premio "Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires" en el año 1984.

martes, 24 de abril de 2007

Martín Fierro. El escenario: la llanura

Un mismo escenario se propaga por las cuatro versiones que nos ocupan: la pampa, que para el argentino, más que un concepto es un sentimiento. Es más que una manifestación del paisaje, una manera de sentirlo, una experiencia. Porque es un paisaje interior más que exterior, más sentido que visto: el gaucho no se detiene a describir lo que ve, cuenta cómo siente, lo asocia a sentimientos, a emociones. Así la refleja nuestra literatura: íntima, viva, consustanciada con el hombre, o el hombre asimilado a ella. Se sienten su inmensidad, su silencio, su monotonía. Echeverría la compara con el mar "cuando un instante / pone rienda a su altivez". Lugones habla de un "mar de hierba, indivisa comarca de tribus bravías", de su "vaga inmensidad" y hay en su concepto rastros de Sarmiento: "Allí la inmensidad por todas partes [...] El horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra entre celajes y vapores tenues que no permiten, en la lejana perspectiva, adivinar el punto en que el mundo acaba y principia el cielo". Y estos rasgos conforman una linea meridiana en la literatura argentina. Borges, en El Fin dice: "un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía" y luego: "Hay una hora de la tarde en que parece que la llanura está por decir algo; nunca lo dice, o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música". Y estas afirmaciones son como una serie de hilos que vinieran desde lejos, atravesando libros; hilos que, de alguna manera, evocan el alambrado que la rodea sin encerrarla. Sarmiento habla de "la inmensidad sin límites, de las soledades en que vaga el salvaje, del espectáculo de una naturaleza solemne, grandiosa, inconmesurable, callada". Echeverría califica el desierto como "inconmensurable, abierto y misterioso". Borges, en El Fin, dice: "la llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño". También en el Poema de Hernández está como vista en un sueño: siempre apenas aludida; sobreentendida, aflora en los versos desde la profundidad del alma del cantor. No es su propósito describir el paisaje, pero como ese paisaje está rodeándolo, brota en sus versos "intraducible como una música". Esa hora de la tarde -cuando comienza a anochecer- profunda e inquietante en el campo, a la que se refiere Borges, también aparece en el Poema:

"Y en esa hora de la tarde
en que tuito se adormese,
que el mundo dentrar parece
a vivir en pura calma," (1403-6,I)

Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993. Este ensayo consiguió el premio "Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires" en el año 1984.

lunes, 2 de abril de 2007

Cuatro versiones del Poema de Hernández


"Esto que fue una vez, vuelve a ser infinitamente", dice Borges, a propósito del Martín Fierro en El Hacedor. Y con respecto al mismo tema, señala en su Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1869), citando a San Pablo: "un libro cuya materia puede ser todo para todos". Y así es: la materia del Poema no empieza con Hernández ni termina con él, sin mengua, por supuesto, de ninguno de sus méritos; como el caudal de los grandes ríos, que a medida que corren va enriqueciéndose con aportes ajenos, la materia del Poema -que viene de lejos, desde la entraña de la creación popular anónima- va adquiriendo perfiles nuevos al pasar por diferentes autores. Así también se va configurando un héroe que no termina en el Fierro de Hernández y que, pasando por Lugones, llega hasta Martínez Estrada y hasta Borges cuyos trabajos marcan importantes hitos en su vida de figura literaria. Podríamos aplicar al Poema un título de Borges, "El Otro, el Mismo": esa materia prima que ha sufrido tantas permutaciones, se nos ofrece como semillero inagotable, fecundo, que ha posibilitado grandes libros.
Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993. Este ensayo consiguió el premio "Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires" en el año 1984.