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miércoles, 13 de junio de 2007

Los menhires

Fotografía del "Gran menhir" de El Mollar, Tafí del Valle, Tucumán,
en distintas horas de la mañana. Buffo, 1940, lámina VII.

Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".

"La mirada de esos ojos, casi horizontal en las primeras horas de la mañana, se dirigía cenitalmente al mediodía; y a las 10, y a las 11 horas, en direcciones intermedias" (Buffo, 1940).
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

jueves, 5 de abril de 2007

La niña de los cabellos dorados


Video presentado en el programa de televisión Tucumán en Positivo, donde Alba Omil era productora de contenidos, Aconquija Televisora Satelital, Canal 5, Tucumán, Argentina, 2003.

El motivo de la mujer rubia de pelo dorado aparece en los cuatro relatos transcriptos en el capítulo anterior: versiones de la Laguna del Tesoro, leyenda de la Laguna Verde (versión de Orlando Bravo), Laguna de Limitayuc, y relato sobre la vertiente de La Guanaca. Dos de ellas asocian el motivo del peine de oro. Ambos motivos, cabellera larga y dorada y peine de oro, son universales y responden a una remotísima tradición cuyos rastros hemos intentado seguir hasta donde nos fue posible.
Forma parte de un ciclo universal que incluye la leyenda germánica de Loreley, la maga que habitaba en la roca del mismo nombre, junto al Rhin, entre Saukt y Oberwesell. Sumemos a ello la multitud de relatos y leyendas sobre sirenas.
Nuestra investigación nos ha conducido hasta un relato aportado por la Materia de Bretaña, que sitúa los hechos en la ciudad de Iss -capital de Cornuailles- hacia el año 475 cuando reinaba Grandlon, llamado Grandlon el Grande: La ciudad se había convertido en un lugar de locos placeres donde la hija del rey, llamada Dahut, encabezaba las orgías. El cielo, cansado de tanto desorden decidió poner fin a la situación y, por mano de Dahut, precipitó el acto final: la princesa, a escondidas del rey, abrió las compuertas del dique que protegía la ciudad. Avanzaron las aguas cubriéndolo todo, y sólo se retiraron cuando Dahut cayó en los abismos líquidos.
Con el tiempo, la leyenda convierte a Dahut en Ahés, la sirena, hija del mar, que abandona su palacio subacuático y sale a una roca de la playa a peinar sus cabellos rubios con un peine de oro, bajo el sol de la tarde, y cuyo canto se parece al canto de las olas.
He aquí algunos motivos paralelos entre esta remota leyenda y las de nuestras lagunas: el guardián, la bella mujer rubia que sale de la profundidad de las aguas, b) el peine de oro; c) el palacio subacuático.
No es difícil imaginar que los españoles de la Conquista hayan importado desde su tierra esta bella leyenda, depositándola en estas latitudes, sobre todo, habida cuenta de la enorme difusión que tuvo la "Materia de Bretaña" en la Península Ibérica desde fines del siglo XII (1170), pero por otra parte, no debemos dejar de tener en cuenta el antecedente de las sirenas "locales", a las que ya hicimos referencia.

Alba Omil

Extraído del libro Mitos y leyendas del agua en el Noroeste Argentino, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1998.