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domingo, 21 de abril de 2019

Sueños


[...] En una ocasión habla de "los laberintos del sueño" donde él, montado en las alas de su imaginación, se mueve en ellos. Vano sería espigar su obra y citar las veces que en ella se filtra el sueño, pues no pierde oportunidad de derivar a este tema. Cuando analiza a Hawthorne (O.C., p. 670) lo llama "el soñador" y recalca su fantasía. En la historia de la vida de este personaje, vuelve a su tema obsesivo, el sueño: "su muerte fue tranquila y misteriosa pues murió en el sueño".
Nada nos veda a nosotros, imaginar que Borges murió soñando y hasta podemos imaginar también, la historia que soñaba –la última de una serie infinita– "y de qué manera la coronó, o borró la muerte". [...] Nos peguntamos qué soñaría Borges cuando se estaba muriendo?
 Lo sabe Dios. ¿Alguien, algún escritor, habrá intentado recuperar esos momentos? Queda el interrogante. Queda el planteo. Dios sueña al soñador ¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza? Borges lo ha planteado. [...]


Extraído del libro Cómo leer a Borges, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2018. 
 

miércoles, 25 de julio de 2007

El Aleph, de Borges


En 1949, Borges publica su tercer libro de narraciones breves, cuyo último cuento -El aleph-, le da el título.
De algunos aspectos de este cuento vamos a ocuparnos ahora.

El título

Aleph, la primera letra de la Cábala, que implica a su vez la cábala completa, parte de cuya sabiduría está, de algún modo, contenida en el cuento precitado.
Son tres los principios fundamentales de la Kabbala que están sosteniendo, y explicando, desde el fondo temático, el mensaje profundo de este cuento (*).
1. El concepto de absoluto (encerrado en el pequeño aleph de la casa de Carlos Argentino Daneri, aleph que, a su vez, encierra la totalidad del mundo visible, real y posible, presente, pasado y futuro).
2. La evolución del universo (registrada en forma vertiginosa por el aleph de la calle Garay).
3. La permanente comunicación mística entre Dios, la Naturaleza y el hombre (el aleph de la calle Garay es imponderable, inexplicable, inaprehensible por parte de la mente humana. Y en su vértigo pueden verse la armonía del universo: Dios, la Naturaleza, el hombre).
Los cabalistas representan en forma simbólica los tres atributos de la divinidad, por tres letras yod encerradas en un triángulo equiátero.
1er atributo: la eternidad;
2do atributo: la extensión infinita.
3er atributo: la sustancia.

En estrecha relación con la eternidad, está el tiempo, con su triple división: presente, pasado y futuro.
Dos hechos prueban que Borges manejaba esos conceptos:
1. El contenido profundo del texto, y sus alusiones más o menos directas.
2. Las aclaraciones formuladas en la Postdata.

La eternidad se asocia al infinito. El vertiginoso aleph no tiene fin.
La extensión se vincula con el espacio -y lo origina-. Y aquí Borges implica todas las posibilidades de espacio. Carlos Argentino expresa:
"[...] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos [...] si todos los lugares de la tierra están en el aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de la luz".
El diámetro del aleph sería de dos o tres centímetros pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
La sustancia se vincula a la materia:
"También se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior".
Las aclaraciones de Carlos Argentino aluden concretamente a dos de las fuentes, la Cábala y la Teoría de los conjuntos de Cántor.


Alba Omil

(*) La kabbala o Qabballah encierra la doctrina hebraica; su nombre deriva del hebreo Qabol, que significa sabiduría recibida por tradición. Es decir, la Cábala en sí misma no existe como libro; su doctrina, recibida por tradición oral y conservada celosamente entre unos pocos rabinos, fuera de la masa del pueblo, se registra en libros como el Seper Ha Zohar -Libro del esplendor-, Sepher Jetzirah -Libro de la formación-.
De tradición oral, la Cábala ha sido objeto de codificaciones repetidas a lo largo de los siglos hasta comienzos del renacimiento. Su codificador legendario es Rabbi Simeon Bar Yochai (s. II).
La cábala registra el nombre inefable; el aleph de Borges registra también lo inefable. La cábala es misteriosa; el aleph también lo es. De esta manera, el título del libro es un valioso indicio para descubrir las claves del cuento, ocultas en el lenguaje y sus procedimientos.
Las veintidós letras del alfabeto sagrado, junto con las diez numeraciones (los diez nombres primeros) se unen para formar las treinta y dos vías de la sabiduría. El alfabeto está compuesto de tres letras.

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Apariencia y realidad. El desengaño del mundo

Otro aspecto que desvela al hombre de nuestro tiempo y que nuestros grandes escritores -Borges, Sábato, Cortázar- proyectan en su obra es el de la apariencia frente a la realidad del mundo. La pérdida de confianza en la realidad es una actitud que inicia el hombre al entrar en la modernidad. Todos los cimientos de sus estructuras ceden cuando descubre la realidad oculta bajo una apariencia engañosa. Y así, se encuentra frente a dos elementos que, conjugados, se galvanizan y potencian: lo engañoso y lo transitorio del mundo y de la vida, pero qué paradoja, en lugar de huir, de despreciarlos, se aferra desesperadamente a esa realidad que lo limita y lo defrauda. Esta pérdida de confianza en sí mismo y en el mundo que lo cobijaba, llevó al hombre del siglo XVII a regresar al refugio de un prometido Más Allá, pero ¿y el hombre de hoy? Los personajes de Sábato, Sábato mismo, nosotros sus lectores, carecemos de esa sólida apoyatura teológico existencial que sostenía a los hombres del medioevo, o del Barroco. Independientemente de que el hombre de hoy sea o no religioso, le falta la solidez y la seguridad de un Más Allá que lo espera y lo compensará. El hombre de hoy lamenta su acabarse y, mal que mal, quiere seguir en este pobre mundo que tantas desventuras le ocasiona. Para Sábato, para Borges, para nosotros lectores, la eternidad está en la vereda de enfrente, y aquí nosotros, seres finitos condenados a morir, a abandonar todo aquello que amamos, que nos ata porque depositamos, con nuestro afecto, buena parte de nosotros mismos. Sábato lo plantea, aparentemente en broma pero con la más absoluta seriedad: "uno podría vivir una cantidad razonable de tiempo, digamos ochocientos, o mil años". Y sin duda, esta limitación lo entristece y lo deprime. En idéntica actitud están sus criaturas literarias.

Alba Omil

Extraído del libro Sábato, pensamiento y creación, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán, Argentina, 1992.

lunes, 23 de abril de 2007

La secta del cuchillo y del coraje en Borges

Fragmento de entrevista a Jorge Luis Borges en la televisión española, en 1980, a sus 80 años.


El tema del coraje es una de las constantes de Borges y hasta nos atreveríamos a señalarlo como una de las fijaciones de la infancia. Nos imaginamos al niño lúcido y fabulador, escuchando de boca de sus mayores -en un hogar patricio donde siempre se ha rendido culto al linaje- relatos de combates donde la valentía y el heroísmo eran moneda corriente. Simultáneamente, la historia y la literatura le brindan versiones paralelas [...]
Cuando en su vejez compone letras de milongas, las hace con figuras reales, nombres de compadritos que había conocido personalmente, o cuya historia, o leyenda, había leído.
Fantasía y realidad (más que todo cuando la realidad está tan cerca de lo fabuloso como en el caso de cuchilleros y compadres), a partir de la segunda infancia operan juntas, a un mismo nivel; tienen igual fuerza. Por otra parte, todo creador conserva vivas, intactas, las energías fabuladoras de la infancia, hecho que le permite entretejer la realidad con los sueños. La imaginación infantil es sincrética, totalizadora: fusiona, sin distinción de planos, vivencias reales y fantasías. Creemos que eso ha operado en el hombre Borges, que ha mantenido intacto ese mundo, alimentándolo con una poderosa biblioteca interior -más que exterior-, por su poderosa memoria.

Alba Omil

Fragmentos extraídos del artículo "Jorge Luis Borges, el cuentista", publicado en el libro Ensayos de Literatura Argentina, de Alba Omil. Ediciones de la Biblioteca Alberdi, Tucumán, Argentina, 1984.

lunes, 2 de abril de 2007

Cuatro versiones del Poema de Hernández


"Esto que fue una vez, vuelve a ser infinitamente", dice Borges, a propósito del Martín Fierro en El Hacedor. Y con respecto al mismo tema, señala en su Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1869), citando a San Pablo: "un libro cuya materia puede ser todo para todos". Y así es: la materia del Poema no empieza con Hernández ni termina con él, sin mengua, por supuesto, de ninguno de sus méritos; como el caudal de los grandes ríos, que a medida que corren va enriqueciéndose con aportes ajenos, la materia del Poema -que viene de lejos, desde la entraña de la creación popular anónima- va adquiriendo perfiles nuevos al pasar por diferentes autores. Así también se va configurando un héroe que no termina en el Fierro de Hernández y que, pasando por Lugones, llega hasta Martínez Estrada y hasta Borges cuyos trabajos marcan importantes hitos en su vida de figura literaria. Podríamos aplicar al Poema un título de Borges, "El Otro, el Mismo": esa materia prima que ha sufrido tantas permutaciones, se nos ofrece como semillero inagotable, fecundo, que ha posibilitado grandes libros.
Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993. Este ensayo consiguió el premio "Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires" en el año 1984.