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martes, 12 de junio de 2007

El Toto no estaba solo

El Toto no estaba solo, lo acompañaba una curda (*) impresionante que lo obligaba a caminar erecto –para no perder la respetabilidad ni la compostura, che– como lo hacía cada vez que hablaba con su alma, al fin de cuentas, la única capaz de comprenderlo cuando él se sumergía en la nebulosa:
"La ciudad se ha bajado a dormir sobre el asfalto, arropada por la niebla interminable. Voy pisando sus torres, sus luces y su gente, sus malditas miserias y todos sus espejos, donde se bañan mil ojos, un solo ojo repetido mil veces y una órbita seca por donde espía la muerte".
Sale de la ciudad sin advertirlo y penetra en el mundo de las ensoñaciones. Hace un nudo y otro nudo; en series infinitas va eslabonando el tiempo que se enrosca en el pequeño espacio de su conciencia arropada por la niebla.
Se pierde entre los espejos, en un zig zag interminable para no pisarlos porque si se rompen es mala suerte y ya demasiada con la que se le había cuajado encima sin comprarla ni ganarla. Y no sabe qué hacer con tanto cielo negro donde de vez en cuando se baña alguna estrella o un foco macilento; porque la llovizna hace rato que se ha ido, aunque quedan los espejos.
De repente se cruza con la gata sorda que, acostumbrada a espiar en el mundo de los muertos, hace rato perdió el sentido de la realidad y lo confunde pero ¡cierto!, la gata se ha muerto hace dos noches y qué hace aquí este fantasma, cruz diablo, a lo mejor yo, como ella, soy fantasma y andamos explorando la ultratumba donde también llueve y se amontona el agua en los charcos como en esta maldita ciudad llena de ruido aunque ¡caramba! la ultratumba es silenciosa, entonces no estoy muerto ¡qué joder! Pero ¿y la gata? Porque la gata se ha muerto hace dos noches y cómo nos ronda la muerte. Convivir con los muertos ¡carajo! ocupando cada una de las células del alma y toditas las células del cuerpo, recorriendo los conductos del cerebro, laberinto que no excreta ¡ufa! acabo de hacer trizas un espejo, mil pedazos la realidad interior, mil pedazos la realidad afantasmada que me rodea y estoy hecho sopa y lleno de barro, parece que me dormí.
Mejor, me voy a casa.

Alba Omil

(*) Borrachera

Extraído del libro Panorama de la narrativa tucumana (de La Carpa a nuestros días), de varios autores. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

domingo, 20 de mayo de 2007

Presentación del libro Panorama de la Narrativa Tucumana. De La Carpa a nuestros días.

El día martes 15 de mayo de 2007 se realizó la presentación del libro Panorama de la Narrativa Tucumana. De La Carpa a nuestros días. Es una antología de cuentos y microrrelatos que reúne a escritores tucumanos de diversas generaciones y de distintos lugares de la provincia. La selección de textos y coordinación editorial estuvo a cargo de Alba Omil. Los autores son Julio Ardiles Gray, Octavio Cejas, Alba Omil, Tulio Santiago Ottonello, Carlos Alfredo Alonso, María Eugenia Godoy, Elvira Juárez Aráoz, Ana María Mopty de Kiorcheff, Jorge Namur, Lucio Piérola, Estela Porta, Luis Sáez, Eduardo Santos y Ema Cristina Zamora. En el acto hablaron los autores Ottonello, Namur y Mopty de Kiorcheff. El acto se realizó en el Centro Cultural "Alberto Rougés" de la Fundación Miguel Lillo, en San Miguel de Tucumán. Las fotos a continuación fueron cedidas por Luis Sáez, co-autor del libro.

De izquierda a derecha: Tulio Santiago Ottonello, Ana María Mopty de Kiorcheff y Jorge Namur, haciendo la presentación del libro.


En primer plano, Elvira Juárez Aráoz y Tulio Santiago Ottonello. Detrás están Mafalda Benuzzi de Canzonieri y Amanda Guillou de Isas, antes del comienzo de la presentación.

En las primeras filas, junto a otra gente estaban los autores Eduardo Santos, Elvira Juárez Aráoz, María Eugenia Godoy y Lucio Piérola.

En esta foto están Lucio Piérola, Alba Omil, Jorge Namur y Constanza Terán de Colombres, quien habitualmente lleva a cabo la coordinación este tipo de eventos.

miércoles, 4 de abril de 2007

Meditaciones del Toto, al pie de su propio ramaje


El Toto estaba realmente preocupado por el problema de la relación del alma con el cuerpo, dado que, consideraba, con tanta alma suelta y acumulada en el sufrido universo desde hacía milenios, habida cuenta de su tan pregonada inmortalidad, los cuerpos resultaban insuficientes. Y, hasta el espacio, también insuficiente. Era por eso que se afirmaba cada vez más, la teoría de que cada cuerpo era ocupado por dos, o más almas, las que, como en las mejores familias, convivían, o se turnaban, o se desplazan, de a ratos se llevaban magníficamente bien; de a ratos, a las patadas. Esa teoría, al fin de cuentas, era tranquilizante porque terminaba de explicar su ciclotimia: cuando lo habitaba la diurna –un alma clara, sosegada, en equilibrio consigo misma– él estaba tranquilo, podía hacer cosas y llevarse bien con el mundo. En cambio la otra, la nocturna, era –o sería– la responsable de las caídas hondas en los pozos del alma (Vallejo dixit); de su angustia metafísica, de sus depresiones, porque quién podía saber cómo le había ido a esta pobre en vidas anteriores, para que acarreara semejante resaca. Pero era necesaria otra explicación todavía: ¿y sus furias repentinas?, ¿y esos arranques que lo sacaban de quicio? Capaz que una tercera, escapada del averno, de vez en cuando le hacía sus visitas. Era después de esas caídas bruscas, o de la visita de la tercera, cuando al Toto se le daba, o por viajar (no cualquier viaje, no, viajes insólitos) o por escribir. No era mal poeta –decían– pero ¿Cuál es la distancia que media entre el "no era mal" y el "era buen"? He ahí la incógnita. Mejor, a otra cosa. Una mañana en que todo pintaba bien, tuvo una feroz discusión con la Aurelia, su hermana mayor, lo que motivó su retiro por tres días, a los aposentos superiores. Allí fue donde pensó llamar a una conferencia de prensa: convocar a sus tres almas a que pusieran sus cartas sobre la mesa, dijeran quién era quién, declarasen objetivos y plan de vuelo para el resto de la temporada, para tranquilidad del dueño del inquilinato. He dicho. Fracaso total, por falta de quórum. De una cosa estaba seguro con respecto a sus inquilinas: eran díscolas e irreductibles. Si él se proponía alguna cosa y ellas otra, resultaba inútil todo intento de persuasión o de doblegamiento. Pero aquí le surgía otro interrogante, no menos problemático: ¿y las almas de algunos políticos? ¿de algunos funcionarios? ¿y las de los mafiosos? (la pucha con los acercamientos que buscan ciertas palabras) ¿serían almas descartables? O tal vez esas que no tienen cabida en ningún lugar del universo, visible o invisible, y buscan una rendija o un elemento poroso para filtrarse y establecerse. Sin duda había muchas categorías de almas pero ¿y sus destinos? ¿quién determinaba su ubicación? porque Dios no se iba a distraer en esos menesteres, y menos todavía con las ya señaladas descartables. ¿Estarían dotadas de libre albedrío?, ¿de libre elección, en este caso?, ¿o sería todo al manchanchi? En cuanto a las propias, él no estaba del todo disconforme. Cierto es que la diurna era medio aburrida, incapaz de ningún asombro, pero, en comparación, la nocturna tenía desplantes maravillosos y no te digo nada de la frenética, que tantos sinsabores le ocasionaba, aunque ofrecía sus soberbias revanchas, un poco delirantes, es cierto, pero el delirio suele emitir aromas inigualables. Agotó los filósofos de Oriente y Occidente en busca de respuestas, pero sin éxito. Iba a convocar a nueva conferencia de prensa, por si acaso, total, paciencia y tiempo era lo que le sobraba. Mientras tanto, trataría de convivir como Dios lo ayudara. Más difícil era la Aurelia que todas sus almas juntas ¿cómo sería el alma de la Aurelia? Bueno, ese era un tema difícil. Mejor, paremos la mano.

Alba Omil

Extraído del libro Panorama de la narrativa tucumana (de La Carpa a nuestros días), de varios autores. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.