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martes, 16 de agosto de 2011

La hechicería en las culturas prehispánicas


"Hechicería en las culturas prehispánicas", de Alba Omil. Se presenta el jueves 18 de agosto, Centro Cultural Rougés, Laprida 31, San Miguel de Tucumán, Argentina, a las 20 horas. ¡Los esperamos!

miércoles, 27 de febrero de 2008

La metamorfosis


Ligadas a la historia de la humanidad, las metamorfosis aparecen en todos los tiempos, y nuestros aborígenes no podían haber sido ajenos a este hecho, cuyo conocimiento parece ser común al género humano, y atributo de los dioses.
Ya hemos visto, y son conocidas las transformaciones de la Pachamama. Tampoco es extraño a ellas el Llastay que, de pronto, puede ser guanaco, como cóndor, como corzuela, como chinchillón. También suele, o puede, metamorfosearse, el Chiqui.
Adán Quiroga (1900) sostiene una hipótesis interesante a propósito de las metamorfosis del Chiqui, puede ver la figura de la deidad maligna transformada en suri, en algunas urnas del valle de Santa María, que reproduce en su trabajo:
"El suri [...] tiene mucho que hacer con el Chiqui, ya sea porque la misma deidad funesta se vuelva avestruz para vagar por el desierto..."
Y respalda Quiroga su teoría con el hecho de que en las fiestas en honor del Chiqui, cuando se le ofrecen las cabezas de aves del Llastay, la única que falta es la del suri, "excluyéndola del sacrificio, como si fuese motivo de veneración especial y no debe ser sino porque el Chiqui se transforma en suri" (p.555).
Quiroga insiste: "El hecho mismo de mostrarse el suri en la misma urna que Chiqui, es un dato revelador".

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos de los aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

miércoles, 13 de junio de 2007

Los menhires

Fotografía del "Gran menhir" de El Mollar, Tafí del Valle, Tucumán,
en distintas horas de la mañana. Buffo, 1940, lámina VII.

Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".

"La mirada de esos ojos, casi horizontal en las primeras horas de la mañana, se dirigía cenitalmente al mediodía; y a las 10, y a las 11 horas, en direcciones intermedias" (Buffo, 1940).
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

jueves, 26 de abril de 2007

La Pachamama

Aníbal Carrillo: Bestia, mujer, diosa. Óleo sobre tela. 80 x 110 cm. Extraído del libro Arte y mito en las culturas Andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

Pacha = universo, mundo, lugar. Mama = madre

Es un mito rico y complejo, entretejido con muchos otros. A propósito de la Pachamama, el Padre Fortuny dice "el quirquincho es su cuchi, la víbora su lazo"
Su culto sorprende al estudioso, fundamentalmente por dos razones:
1. Su antigüedad; su origen es remoto. Según Ibarra Grasso (Argentina indígena. Buenos Aires: Tipográfica Editora Argentina, 1971) muchos siglos antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, ya existía el mito. En efecto, el culto a la Pachamama es anterior a los incas, anterior a los huanacotas, anterior, al parecer, a los cultos solares.
2) Su persistencia en el tiempo. No nos referimos a las fiestas en honor de la Pachamama, que se hacen actualmente, y que tienen mucho de mise en scene especial para el turismo. Nos referimos al otro, al culto profundo, que lleva al cazador, al viajero, a depositar su ofrenda de coca, de maíz, de algarroba, de tabaco, en alguna apacheta, esos pequeños túmulos silenciosos que abundan en la intimidad de la montaña; un culto íntimo y auténtico que pervive en el alma del montañés de nuestros días, al igual que en el de hace más de cinco siglos.
La Pachamama es la madre de la tierra, o la tierra madre que los acoge y los alimenta.
También la madre de los cerros, la protectora de la fertilidad. No hay ídolos que la representen, apenas uno que otro grabado que podría ser, o no, ella. Ambrosetti reproduce diversas figuras que, a su juicio, la simbolizan.
Como podría observarse, es una mujer vieja, porta una bolsa y una cántara a sus espaldas; tiene el vientre abultado. Todo esto aludiría tanto a la fecundidad como a los dones que Pachamama puede dispensar: agua, mieses, buenas cosechas, fertilidad de las hembras en diferentes órdenes.
Es una fuerza, un alma. Vive oculta en la montaña, o acaso alienta allí, en los altos valles. A veces la protegen las nieblas, el alpapuyo, que baja en los atardeceres y que es quizás su cómplice. Acompaña y protege al montañés que la invoca, le canta y, a su manera, le reza; protege también su habitat [...].

Se la invoca -y/o propicia- para acrecentar los rebaños. Este culto explicaría el sentido de algunos petroglifos donde pueden observarse grandes grupos de camélidos, que pueden ser interpretados como ofrendas o como una invocación.
La Pachamama, según los relatos orales, también es la dueña del "Ojo’i tigre", es decir, la capacidad y a la vez el cupo que cada cazador tiene para cazar. Si se excede, la deidad se lo quita, no puede cazar más, y hay que hacer toda una ceremonia, con ofrendas y rogativas, para recuperarlo.

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.