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lunes, 9 de enero de 2012

"El pensamiento mágico" de Anderson Imbert


Carta de Enrique Anderson Imbert a Raúl Alberto Piérola, sobre el libro "El cuento y sus claves", escrito en colaboración con Alba Omil.

"27-III-75

Querido Piérola:
Tu carta del 17 me dio un alegrón. ¡Tantos años sin tener noticias de ustedes! Veo que están sanos, emprendedores, activos. ¡Y qué decirte del artículo de Alba sobre 'El pensamiento mágico y su mitología'! Es agudísimo, y me halaga que haya elegido mis cuentos para ilustrar sus hondos vistazos. Recuerdo la simpatía -simpatía creadora- con que leyó "El leve Pedro" y ahora confirmo que esa simpatía es la que mueve al fino análisis del estilo. Alba es el tipo de lector que yo siempre quise tener, el lector ideal para el que uno escribe. Ya sabes que 'crítico' es eso: un 'lector calificado'. No hay palabra -en los 'Cuentos de Satán', por ejemplo- que ella no haya explorado en todos los niveles de la intención. Si se decide -como me anuncias- a trabajar en el tema de la estructura del 'minicuento' y en el problema del Tiempo en mis ficciones, y cree que yo puedo serle útil en algo, desde ahora que me pongo a su disposición. Creo que en 'El gato de Cheshire' hay mucho que ver (lo que no se ve es el gato mismo, no sólo porque se desvanece y apenas deja la sonrisa visible en el aire, sino porque, según me dicen, nadie en la Argentina se ha enterado que existe, y si alguien que lo sabe lo pide a las librerías, le responden que no lo tienen, a pesar de que, me consta, la edición de Losada, 1965, no se ha vendido). ¡Qué lástima que hayan renunciado a una visita a los Estados Unidos! Aunque quiero advertirte que este país ha caído en lo hondo de una crisis económica, y las Universidades ya no son las que conociste. No hay dinero, clausuran seminarios, disminuye el número de cursos, limitan el acceso de estudiantes 'graduados', escasean las becas, no llenan las vacantes de profesores, no invitan a conferencistas, etc. Te ruego saludes afectuosamente a Alba, expresando mi gratitud por el buen rayo de luz con que me iluminó esas zonas profundas del "pensamiento mágico". Y para ti (o para vos, como quieras) un fuerte abrazo de E.Anderson Imbert".

viernes, 4 de mayo de 2007

El cuento y sus vecinos

No se sabe con precisión cuándo empezó a emplearse el término "cuento" para denominar un determinado tipo de narración. A ello debe añadirse que el uso de esta palabra, en su origen, es bastante inestable: hacia los siglos XIV y XV se habla en forma indistinta de apólogo, ejemplo,
fabliela y cuento -entre otros nombres- para señalar un mismo producto narrativo. Aunque don Juan Manuel no habla de cuentos sino de ejemplos, habla sí, de contar. En cambio, Bocaccio emplea indistintamente los términos fábulas, parábolas, historias, relatos y también cuentos, para referirse a sus narraciones.

Con el tiempo, cada uno de estos nombres ha ido identificándose con una forma de narración perfectamente delineada, de manera que es casi obvio señalar sus características. ¿Quién no puede distinguir una fábula de un cuento o éste de un apólogo o de una leyenda? Sin embargo, continúa interesando la diferenciación del cuento, de un pariente menos cercano, la novela, más que todo porque dicha diferenciación, de alguna manera, significa un aporte a la definición, siempre estimada, de ambos géneros. Intentaremos acercarnos a esa diferenciación.
De lo dicho en el primer capítulo, se desprende que el cuento es un género sumamente severo, no rige para él la elasticidad de que goza la novela: hecho fundamental.
El problema de la extensión no aporta mucho a la demarcación del género: hay arquitecturas cuentísticas perfectamente logradas con extensión más bien novelesca; uno de estos casos es el de las novelas ejemplares de Cervantes -algunas bastante extensas- que son cuentos a pesar del nombre que les dio su propio autor.
La duración, en el cuento, no está determinada por el número de páginas -a este respecto no existe canon delimitatorio- sino por esa unidad de impulso de que ya hemos hablado: mientras la extensión esté al servicio de ella, cualquier número de palabras será válido; en cuanto desborde la medida que ese impulso exige, se malogrará el cuento como tal; es decir, podrá ser cualquier cosa menos cuento propiamente dicho [...]

Alba Omil - Raúl Alberto Piérola

Extraído del libro El cuento y sus claves, de Alba Omil y Raúl Alberto Piérola. Editorial Nova, Buenos Aires, Argentina, 1967.