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martes, 16 de agosto de 2011

La hechicería en las culturas prehispánicas


"Hechicería en las culturas prehispánicas", de Alba Omil. Se presenta el jueves 18 de agosto, Centro Cultural Rougés, Laprida 31, San Miguel de Tucumán, Argentina, a las 20 horas. ¡Los esperamos!

jueves, 21 de enero de 2010

La lechuza


Dentro de estas figuras, la lechuza y el búho portan una simbología más abstracta y más oscura aunque no fatídica como la que derivó después de la conquista.
La lechuza tiene un lugar importante dentro de la imaginería indígena: aparece grabada en las piedras, en los ceramios, hay urnas funerarias de párvulos que adoptan sus formas ¿por qué?
El doctor Orlando Bravo (Lugares y tiempos sagrados en las culturas andinas del Noroeste Argentino, UNT, 2001, p.32) señala que en la llamada Piedra Pintada de San Pedro de Colalao (lugar sagrado y observatorio astronómico) hay grabada una interesante figura de lechuza que está como protegiendo a un pichón o búho pequeño. Es la que primero recibe los rayos del sol porque es la figura que está ubicada más al levante. El Dr. Bravo piensa que, para los aborígenes, era una aliada de la noche, la que veía en las tinieblas.
Quizás era por eso que figuraba en las urnas funerarias: una invocación para que acompañe al difunto, para que no se pierda entre las sombras de la muerte.
Adán Quiroga (1931) describe así a esta figura de la Piedra Pintada: "La sexta figura que luego se repite con su cara de aspecto de lechuza y semejante a algunos de los llamados ídolos personales", acerca de los cuales no podemos menos que preguntarnos ¿por qué una figura de lechuza como amuleto?
Para empezar, tenemos que tener en cuenta que en las culturas precolombinas del NOA, la lechuza no cargaba el sema de agorera ni el de funesta ni el de acompañante de brujas que introdujeron los españoles. Al contrario, si el dibujo del ave aparece en las urnas funerarias es porque de algún modo estaba vinculada al trasmundo [...].

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Demonios guardianes de tesoros


Es conocido el motivo del diablo dispensador de riquezas. Grillot de Givry (1981) se ocupa del tema con su clásica solvencia. Según la creencia, como el diablo reina en el mundo inferior, conoce todas las minas, todos los tesoros escondidos; es su dueño y señor, puede entregarlos a quien le plazca y ha puesto sus guardianes para custodiarlos, todo lo cual se ha convertido en tópico. A veces no se especifica que sean guardianes demoníacos, pero son seres del Mundo de las tinieblas, generalmente "almas en pena", que se manifiestan mediante luces malas.
En el ámbito universal hay relatos sobre este tema, que se multiplica en el espacio y en el tiempo.
En el Noroeste argentino, el tema de los "tapados" es de vieja data: ¡Cuántos monumentos megalíticos se han destruido por buscar tapados! La tradición conserva vivo este tema gracias a algunos ingredientes que no varían: los tapados existen; algunos ya han sido desenterrados, prueba evidente de su existencia; muchos continúan siendo buscados.
En el Nuevo Mundo podemos encontrar antecedentes lejanos: Veamos lo que dice David Granada (1896): "Raro es el cerro, peñasco o escarpado, desde la Cordillera de los Andes hasta las comarcas del Uruguay, Paraná y Paraguay, que no tenga una 'salamanca' o cueva encantada, que no encierre considerables riquezas de oro y plata en sus entrañas [...], que no emita luces y resplandores que a veces iluminan una vasta extensión del territorio".
Acerca de estas luces hay un ponderable corpus de leyendas: la luz mala, o el farol (Omil, 1988 y 1989), Ambrosetti (1976, 111) .
Son muchas las explicaciones sobre el origen de estos tesoros:
"Esos tesoros son antiguas minas que hoy los aborígenes ocultaron, 'taparon' para sustraerlas de la codicia española: guacas, enterratorios de caciques, con las alhajas que tuvieron en vida.
El supuesto tesoro enterrado de los Jesuitas con motivo de su expulsión.
El que los comerciantes acaudalados enterraron antes de huir al Perú, cuando estalló la revolución de mayo.
El tesoro del rescate de Atahualpa.
Los tesoros aborígenes".
Con cada uno de estos temas puede elaborarse un corpus de relatos orales, algunos de fuerte tenor mítico.
De este amplísimo abanico sólo nos interesan aquellos relatos donde aparecen como custodios, seres demoníacos, o almas irredentas, y ubicados en el ámbito del Noroeste argentino.
En otra ocasión relatamos la bellísima historia del cerro Cierra-puesta, con su increíble tesoro custodiado por una diabla coja conocida como Patasola (Omil, 1988 y 1989) . Ahora nos detendremos en otras, no menos llamativas: la del Curu-curu, la del Zorrito, y la del cerro Tres cruces. Cada uno de estos núcleos ha generado una red de historias sobre fabulosos tesoros ocultos en las sierras de Salta y aún no descubiertos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

viernes, 9 de mayo de 2008

Antes de la llegada del español


"Es tan poco lo que nos han dejado, en citas y apuntes breves y dispersos, los cronistas católicos sobre los dioses y supersticiones de Calchaquí, que es necesario, para rehacer la mitología de la montaña, acudir al folklore -la tradición viviente en boca del pueblo- medio eficaz de las investigaciones", señala Adán Quiroga en Folklore Calchaquí.
Ha sido tan grande, tan fuerte, tan avasalladora y tan feroz la presión espiritual del conquistador español, que es como si a través de él hubiera caído un espeso aluvión de lodo sobre toda la cultura anterior: no quedan sino vestigios. Sobre esos fragmentos sueltos y aislados trataremos de trabajar: establecer nexos, comparaciones, soldaduras, para recuperar algo, como ya lo hicieron los investigadores precedentes.
Los rastros más abundantes -ceramios, petroglifos, objetos trabajados en piedra- dicen lo suyo; ese mensaje cifrado en los símbolos, a veces hermético, puede estar ligado con cierto fragmento de relato o de creencia y así, quizás, pueda recomponerse en parte la partitura.
Hay que aguzar el oído, pues, para escuchar los susurros de esas voces ya aplastadas por el tiempo, por la violencia, por el sometimiento, el posterior abandono y la constante falta de respeto. Algo percibiremos, bastante, tal vez. Los que sigan continuarán la empresa [...]

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

jueves, 8 de noviembre de 2007

En la raíz de algunas creencias, vive el mito


Artículo publicado en el suplemento "Actualidad" del diario La Gaceta, de Tucumán, el día domingo 4 de noviembre de 2007. El link a la nota es:


viernes, 22 de junio de 2007

La Salamanca. Primer grado

R. P. Guaccius. El demonio despoja de sus vestiduras al iniciado.
Compendium Maleficarum, Milán, 1626.

Abjurar de la fe y desnudarse, antes de ingresar a la cueva.
Hay antecedentes lejanos de este motivo. Ya podemos verlo entre los grabados del padre Guaccius. Tiene un sentido de purificación, de limpieza y ruptura con el pasado. Las purificaciones son usuales en todos los Misterios. Las encontramos en la cultura de la Tene y en los Misterios de Eleusis, donde, por otra parte, para la iniciación se requería un padrino ateniense, por motivos políticos en los que aquí no nos detendremos, y "el que sin estar iniciado violara los misterios, podía pagar con la vida" (Burkhardt, J. Historia de la Cultura Griega. T. II. Barcelona: Iberia, 1953, p. 234).
Como el aspirante a ingresar a la salamanca, debe contar con un padrino, si no lo tiene y por ello no puede ubicar la cueva, o el lugar de reunión, y quiere conectarse, debe penetrar solo, a la medianoche, en la selva cerrada y allí invocar al demonio -sin portar ninguna imagen ni elemento sagrado-, desnudarse y esperar.
Si se aparece el diablo, conversarán, se establecerá el pacto y se trasladarán a la cueva, o al sitio de reunión, siempre por lugares totalmente desconocidos y laberínticos en donde, al aspirante, le resultará muy difícil orientarse en el caso de que se eche atrás en su propósito.
Por lo general estos relatos no están en boca de sus protagonistas. Siempre aparecen como relación de un tercero. A lo sumo, el relator puede confesar que lo invitaron y que llegó a la primera etapa de la ceremonia pero que no quiso abjurar de la fe y se volvió.
Los curiosos son severamente castigados.

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

jueves, 7 de junio de 2007

La Creación. Su simbolismo

Aníbal Carrillo: Muestras de una cultura aplastada. Óleo sobre tela, técnica mixta. 80 x 110 cm.

El espíritu humano está dotado de una facultad generadora de imágenes que le permite, o le abre, la posibilidad de expresar simbólicamente lo inasible. Esto nos habilita -como habilitó al aborigen- para aprehender la eternidad, el misterio cósmico, el mundo trascendente, más allá de nuestra pedestre finitud.
Sólo el símbolo puede fundir diversos elementos en una expresión global única. Asi tenemos que admitirlo al observar algunas figuras creadas por los aborígenes y recreadas por Aníbal Carrillo.
"Un símbolo nunca es completamente abstracto" -señala Jolande Jacobi-, es siempre abstracto y 'encarnado'" (Complexe, Archétype, Symbole, Neuchatel (Suisse): Ed. Delachaux & Niestlé, 1961: 67). El aborigen en sus ceramios ha combinado ambas formas: humanas y animales, perfectamente identificables; alternan, o se combinan con otras, abstractas: círculo, cubo, cruz, esfera, punto, espiral. Pero siempre son imágenes -o series de imágenes- perceptibles ya por el ojo, ya por la mente humanos, ya por ambos a la vez.
El artista, con sus manos, que interpretan lo que intuye el alma, pone al alcance de la limitada cotidianeidad del hombre común, algunas ráfagas de la misteriosa infinitud. Por eso nos preguntamos ¿qué ideas arquetípicas, qué imágnes arcaicas, qué terrores, que anhelos se encierran en estas series de figuras tanto concretas como abstractas?
Nuestros aborígenes eran grandes observadores de la naturaleza -cielo, plantas, animales en general, aves, en especial- con los que convivían en contacto permanente. La observación constante les permitía sacar enseñanzas y conclusiones (aún hoy vigentes en campesinos de tierra adentro): por qué canta el sapo antes de la lluvia, por qué algunas aves se bañan en seco y luego llueve; por qué otras (el suri, por ej.) corren abriendo las alas cuando se avecina una tormenta o aún antes de que aparezcan sus primeros indicios.

Alba Omil

Extraído del libro Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

miércoles, 9 de mayo de 2007

El problema del Mal

Introducción

Para el presente trabajo hemos seleccionado cuatro grupos de relatos orales aparentemente autónomos (La Salamanca, el Familiar, las luces malas, los tesoros ocultos) aunque, en realidad, podrían unificarse en un solo bloque mayor que los incluyera a todos confiriéndoles unidad temática y conformando una entidad orgánica y coherente. En efecto, este cuerpo mayor estaría atravesado por un eje común –el problema del mal- y por una serie de meridianos temáticos –ámbitos oscuros, iniciación, relación con el Otro Mundo-, a los que habría que agregar algunos motivos recurrentes –brujos, seres extraños y una fauna típica en la que predominan el sapo y la serpiente- que operan a modo de conectores semánticos.
El problema del mal está estrechamente vinculado al demonio cuyas personeras, servidoras y claves de acceso son las brujas. El demonio resume en sí todas las fuerzas negativas, y representa el centro de la noche, en oposición a Dios que es el centro de la luz (Chevalier-Gheerbrant: Diccionario de Símbolos. Barcelona, 1986). Puede asumir diferentes formas para manifestarse a los humanos: serpiente, cabrón, sapo, etc. […]

Los relatos recogidos pertenecen, en buena parte, al ámbito del Noroeste Argentino y, en menor cantidad, a diferentes países de Latinoamérica. El procesamiento de todo este material, el rastreo y comparación de algunos motivos nos han permitido marcar puntos recurrentes que atraviesan el continente latinoamericano, y que podrían ser tomados como uno de los elementos unificadores de nuestros pueblos: leyendas, creencias, relatos, temas, motivos que se repiten y que brindan la posibilidad de diversos estudios transdisciplinarios. En este caso nos interesa el problema del Mal: las metáforas que lo encierran, la diversidad de formas que asume, su tránsito por los cuatro grupos de narraciones seleccionados, los conectores semánticos […]

Alba Omil

Extraído del libro El problema del mal en cuatro leyendas regionales, de Alba Omil (Directora de proyecto). Consejo de investigaciones de la Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán, Argentina, 2ª edición, 1990.

miércoles, 2 de mayo de 2007

El mito del Familiar

En nuestro territorio, el tratamiento de este tema, por lo general parte de una base equivocada: son frecuentes afirmaciones como la que sigue: "leyenda típicamente argentina, característica de zonas fabriles, generalmente azucareras".
En primer término, no es una leyenda, es un mito, tiene rasgos que tipifican el mito: está relacionado con lo sagrado, para empezar.
En segundo término, ni es argentino, ni es del Noroeste, es universal. Viene de muy lejos, ya lo encontramos entre los celtas y aún hoy persiste en algunos relatos de Galicia donde la figura de los "diablillos" aparece muy cercana a la del Familiar: "Para conseguirlos hay necesidad de acudir a la media noche a un despoblado donde 'non se oia cantar galo nin galiña' y llevar ciertos objetos y la sangre de una gallina negra. El poder que dan es tal que de uno que aseguraban que los tenía contaban que decía 'Fatidieivos de vivo e inda vos hei de amolar de morto'. Como verdad de su afirmación nos aseguraron que, en efecto, al morir le dieron sepultura en una tumba que estaba cerca del camino y despedía tan mal olor que hubo necesidad de cambiarlo dos veces de sepultura; razón de más para creer que tenía los famosos Diablillos" (Antonio Fraguas y Fraguas, "La Galicia insólita. Tradiciones gallegas". Cuadernos do seminario de Sargadelos 51, Ediciop do Castro, Sada A Coruña. 7ª. edición, España 1997: 92-93).
Hay una tradición que sostiene que Sócrates tenía un Familiar.
En la Europa medieval fue moneda corriente en el imaginario colectivo. Circuló en la España de la Época de Oro, a tal punto que los grandes escritores ponen el nombre del Familiar en boca del pueblo: Sancho Panza, exasperado en una discusión, le dice a Teresa: "Ahora te digo que tienes algún Familiar en el cuerpo". Es citado con frecuencia en la novela picaresca: Guzmán de Alfarache, El Buscón de Quevedo, son buenos ejemplos, aunque nos interesa más una frase de Vélez de Guevara en El diablo cojuelo:
"-Yo soy, señor Licenciado -dice el diablillo- que estoy en esta redoma adonde me tiene preso ese astrólogo que vive ahí abajo, porque también tiene su punta de la mágica negra, y es mi alcalde, dos años habrá.
-Luego ¿Familiar eres?, dijo el estudiante."
O sea que refleja cabalmente la creencia de que el Familiar era un intermediario del demonio, que estaba al servicio de brujos y brujas y vivía en las casas, próximo a ellos.
A. Palencia 153 d, Nebrija, la Academia, lo citan como "demonio que tiene trato con una persona. Corominas señala que es abreviatura de "demonio familiar"
En trabajos anteriores (El problema del mal, El mundo de las tinieblas) hemos desarrollado ampliamente este tema.


Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

jueves, 26 de abril de 2007

La Pachamama

Aníbal Carrillo: Bestia, mujer, diosa. Óleo sobre tela. 80 x 110 cm. Extraído del libro Arte y mito en las culturas Andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

Pacha = universo, mundo, lugar. Mama = madre

Es un mito rico y complejo, entretejido con muchos otros. A propósito de la Pachamama, el Padre Fortuny dice "el quirquincho es su cuchi, la víbora su lazo"
Su culto sorprende al estudioso, fundamentalmente por dos razones:
1. Su antigüedad; su origen es remoto. Según Ibarra Grasso (Argentina indígena. Buenos Aires: Tipográfica Editora Argentina, 1971) muchos siglos antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, ya existía el mito. En efecto, el culto a la Pachamama es anterior a los incas, anterior a los huanacotas, anterior, al parecer, a los cultos solares.
2) Su persistencia en el tiempo. No nos referimos a las fiestas en honor de la Pachamama, que se hacen actualmente, y que tienen mucho de mise en scene especial para el turismo. Nos referimos al otro, al culto profundo, que lleva al cazador, al viajero, a depositar su ofrenda de coca, de maíz, de algarroba, de tabaco, en alguna apacheta, esos pequeños túmulos silenciosos que abundan en la intimidad de la montaña; un culto íntimo y auténtico que pervive en el alma del montañés de nuestros días, al igual que en el de hace más de cinco siglos.
La Pachamama es la madre de la tierra, o la tierra madre que los acoge y los alimenta.
También la madre de los cerros, la protectora de la fertilidad. No hay ídolos que la representen, apenas uno que otro grabado que podría ser, o no, ella. Ambrosetti reproduce diversas figuras que, a su juicio, la simbolizan.
Como podría observarse, es una mujer vieja, porta una bolsa y una cántara a sus espaldas; tiene el vientre abultado. Todo esto aludiría tanto a la fecundidad como a los dones que Pachamama puede dispensar: agua, mieses, buenas cosechas, fertilidad de las hembras en diferentes órdenes.
Es una fuerza, un alma. Vive oculta en la montaña, o acaso alienta allí, en los altos valles. A veces la protegen las nieblas, el alpapuyo, que baja en los atardeceres y que es quizás su cómplice. Acompaña y protege al montañés que la invoca, le canta y, a su manera, le reza; protege también su habitat [...].

Se la invoca -y/o propicia- para acrecentar los rebaños. Este culto explicaría el sentido de algunos petroglifos donde pueden observarse grandes grupos de camélidos, que pueden ser interpretados como ofrendas o como una invocación.
La Pachamama, según los relatos orales, también es la dueña del "Ojo’i tigre", es decir, la capacidad y a la vez el cupo que cada cazador tiene para cazar. Si se excede, la deidad se lo quita, no puede cazar más, y hay que hacer toda una ceremonia, con ofrendas y rogativas, para recuperarlo.

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

viernes, 13 de abril de 2007

Antigua ciudad de Quilmes

Vista general de las ruinas de Quilmes.
Foto de Lucio Piérola, 13 de abril de 2006

Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre quiénes eran los quilmes, de dónde vinieron ni sobre quienes construyeron la ciudad.
Una de las teorías sostiene que fueron los incas los constructores porque los quilmes carecían de los conocimientos necesarios (estratégicos, arquitectónicos, hidráulicos, etc) para semejante emprendimiento: viviendas, corrales, silos, andenes de cultivo, una presa formidable, un canal de muchos kilómetros y sus ramificaciones. Pero, sin duda, más importante que sus constructores, es la ciudad misma cuya grandiosidad sorprende y maravilla.
Las ruinas están situadas en la Sierra del Cajón, entre los 1800 y 2000 msnm. Ocupan un anfiteatro natural desde el pie del cerro Alto del Rey y se extienden por las laderas hasta la cumbre.
Esta cultura se ubica en el Período Tardío (1000-1500 d.C.). Los incas penetraron en 1480, y los españoles, después de 1535.
Poco ha conservado la memoria oral de las ceremonias religiosas (y aún de de las fúnebres) de nuestros aborígenes, luego de la cristianización. Sin embargo, hoy los descendientes continúan honrando a la Pachamama. A cada paso, en el camino, y aun en los patios de las modestas viviendas, se encuentran "apachetas" (montículos de piedra en forma piramidal) donde los lugareños depositan sus ofrendas a la madre tierra: hojas de coca, tabaco y semillas para que ella fertilice el suelo, las plantas, las hembras, los proteja de la sequía y de las heladas.

Alba Omil

Extraído del folleto Antigua ciudad de Quilmes, con textos de Alba Omil, fotografías de Esteban Lavilla y diseño de Lucio Piérola. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2006.

Este folleto de 16 páginas totalmente ilustrado a color, no se consigue en las ruinas sino en la ciudad de Tafí del Valle, Tucumán, o bien a través de nuestro correo electrónico.

miércoles, 11 de abril de 2007

Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino

Aníbal Carrillo: Sublimación simbólica. Óleo sobre tela, técnica mixta. 80 x 110 cm.

Esta pequeña muestra de recreación arqueológica reúne milenios de cultura: diez y doce mil años antes de la Era Cristiana, el hombre del Noroeste argentino ya tallaba la piedra. De estas manifestaciones culturales, sólo nos detendremos en algunas: Tafí, Condorhuasi, Alamito, Ciénaga, Candelaria, Aguada, Santa María, Belén.
A su llegada, los españoles se encontraron con un mundo deslumbrante y lleno de misterio, con muestras de cultura y de progreso que no supieron valorar. Aún ahora, a siglos de distancia, sus restos inspiran asombro, respeto y una suerte de estupefacción.
Bajo estos mismos cielos despejados que hoy puede contemplar el turista, las águilas siguen haciendo sus juegos de alas, doradas en el aire claro; los cerros duermen sueños de milenios mientras las sombras de los aborígenes velan entre las ruinas de sus imperios aplastados: Loma Rica, Fuerte Quemado, Quilmes, entre tantos otros.
Todo es plácido: el silencio no pesa, reina. La eternidad parece haber hecho en este espacio su aposento. Se sienten su presencia y su dominio. Se siente el infinito. Y si se está predispuesto, hasta podría percibirse el aliento de Dios.
No es fácil expresar con palabras la experiencia de vivir aquí, en la altura, de respirar su aire; de que el sol arda y queme la piel , bajo un viento helado. Es intransferible la sensación que producen el silencio, el río apenas murmurante y esas enormes moles pétreas, quietas, que nos contienen, que parecen mirarnos, que parecen decir algo pero ¿qué? Tal vez: He aquí la eternidad.
Podemos evaluar su cultura a través de los elementos que nos han dejado, a veces de una asombrosa perfección como las vasijas que recreó Aníbal Carrillo.
Pero lo que no podemos reconstruir son sus cultos: todo se ha borrado, como se borraron siglos antes las prodigiosas creaciones de los celtas. Todo ha sido retrovertido, reprogramado, diríamos hoy. Como si en un palimpsesto se hubiera escrito una historia nueva sobre la vieja historia.
Alba Omil

Extraído del libro Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

jueves, 5 de abril de 2007

La niña de los cabellos dorados


Video presentado en el programa de televisión Tucumán en Positivo, donde Alba Omil era productora de contenidos, Aconquija Televisora Satelital, Canal 5, Tucumán, Argentina, 2003.

El motivo de la mujer rubia de pelo dorado aparece en los cuatro relatos transcriptos en el capítulo anterior: versiones de la Laguna del Tesoro, leyenda de la Laguna Verde (versión de Orlando Bravo), Laguna de Limitayuc, y relato sobre la vertiente de La Guanaca. Dos de ellas asocian el motivo del peine de oro. Ambos motivos, cabellera larga y dorada y peine de oro, son universales y responden a una remotísima tradición cuyos rastros hemos intentado seguir hasta donde nos fue posible.
Forma parte de un ciclo universal que incluye la leyenda germánica de Loreley, la maga que habitaba en la roca del mismo nombre, junto al Rhin, entre Saukt y Oberwesell. Sumemos a ello la multitud de relatos y leyendas sobre sirenas.
Nuestra investigación nos ha conducido hasta un relato aportado por la Materia de Bretaña, que sitúa los hechos en la ciudad de Iss -capital de Cornuailles- hacia el año 475 cuando reinaba Grandlon, llamado Grandlon el Grande: La ciudad se había convertido en un lugar de locos placeres donde la hija del rey, llamada Dahut, encabezaba las orgías. El cielo, cansado de tanto desorden decidió poner fin a la situación y, por mano de Dahut, precipitó el acto final: la princesa, a escondidas del rey, abrió las compuertas del dique que protegía la ciudad. Avanzaron las aguas cubriéndolo todo, y sólo se retiraron cuando Dahut cayó en los abismos líquidos.
Con el tiempo, la leyenda convierte a Dahut en Ahés, la sirena, hija del mar, que abandona su palacio subacuático y sale a una roca de la playa a peinar sus cabellos rubios con un peine de oro, bajo el sol de la tarde, y cuyo canto se parece al canto de las olas.
He aquí algunos motivos paralelos entre esta remota leyenda y las de nuestras lagunas: el guardián, la bella mujer rubia que sale de la profundidad de las aguas, b) el peine de oro; c) el palacio subacuático.
No es difícil imaginar que los españoles de la Conquista hayan importado desde su tierra esta bella leyenda, depositándola en estas latitudes, sobre todo, habida cuenta de la enorme difusión que tuvo la "Materia de Bretaña" en la Península Ibérica desde fines del siglo XII (1170), pero por otra parte, no debemos dejar de tener en cuenta el antecedente de las sirenas "locales", a las que ya hicimos referencia.

Alba Omil

Extraído del libro Mitos y leyendas del agua en el Noroeste Argentino, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1998.

viernes, 30 de marzo de 2007

Introducción a lo demoníaco en los mitos del NOA

Petroglifos en la Gruta de Siquimi. Extraído del libro de Adán Quiroga: Petrografías y Pictografías de Calchaquí, 1931.


Dentro de esa realidad que constituye el mito, hay profundas y oscuras revelaciones. Ellos, los mitos, a partir de una tradición inmemorial, encierran las respuestas a preguntas fundamentales que se ha venido planteando el hombre desde siempre: entre otras, las relacionadas con el Bien y sobre la existencia del Mal.
Estas respuestas no tienen carácter discursivo ni racional. Elusivas y misteriosas, sus formas predilectas son la metáfora y el símbolo, y es allí donde se objetiva lo inasible.
Una "criptografia metafísica" -diríamos con palabras de Karl Jaspers- que, mediante lo visible, consigue revelar los interrogantes más oscuros y más profundos.
Allí incluimos no sólo los problemas del Bien y del Mal: también las figuras demoníacas que se vinculan con el segundo: "[el hombre] recurrió a la existencia de dos principios distintos, y aún opuestos, uno favorable, el otro maléfico [...] y está solicitado para ingresar en uno de los dos campos adversos que se dividen el universo" (Goguel).
En el presente trabajo procuramos acercarnos al mundo mítico del Noroeste Argentino, con especial y casi exclusivo énfasis en el ámbito diaguita-calchaquí, en busca de los rastros que nos ha ido dejando el pasado, particularmente a través de relatos orales que la tradición conserva, todavía, en boca de algunos memoriosos. No infrecuentemente esos relatos tienen alguna vinculación con otras muestras del arte: esculturas, ceramios, petroglifos, pictoglifos. De la complementación surgen significantes cuyos mensajes intentamos develar.
Adán Quiroga señala la importancia trascendental de los petroglifos calchaquíes, donde, "por regla general, está ideológica o simbólicamente" expresado el pensamiento secular del indio; y agrega que las más de las veces, las piedras que se graban son rocas sagradas sobre las que se hace un voto a las divinidades, como si sirvieran de altares al aire libre.
Nuestro enfoque apunta en especial -aunque no excluyente- a un ángulo, de por sí amplio, profundo, misterioso y difícil: lo demoníaco, las fuerzas oscuras que se le vinculan. Avanzaremos hasta donde sea posible.
Los relatos que aquí reunimos pasan todos por un mismo eje: el problema del mal y dan cuenta de cómo se lo plantean -y plantearon- o tratan (ron) de resolverlo el individuo primario, el imaginario popular.
Este estudio, por su naturaleza, nos exige un orden cronológico y una clasificación previa: antes y después de la llegada del español. Ambas etapas ofrecen marcadas diferencias; algunas saltan a la vista; otras, con testimonios sepultados por diferentes causas, quizás nunca se puedan recuperar.
La primera de esas dos etapas (antes de la llegada del español) es la ardua; en la segunda ya caminaremos con más seguridad, dada la mayor abundancia de testimonios a nuestro alcance.

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.