lunes, 20 de agosto de 2007

Cinco relatos que huelen a tierra viva y raíces

Comentario de Alba Omil sobre el libro El guardián del último fuego y otras leyendas argentinas, de Cristina Bajo (Buenos Aires: La brujita de papel, 2007). Publicado en el diario La Gaceta de Tucumán, el día 19 de agosto de 2007. El enlace a la nota es:

http://www.lagaceta.com.ar/vernota.asp?id_seccion=109&id_nota=231192

jueves, 16 de agosto de 2007

Fantasmas


-I-


Muchas noches me desvelo por culpa de esta gata: corre, salta, bufa, se dispara sí misma como un proyectil, y así, jauja hasta la madrugada. De día, duerme; yo, uncida al yugo como un buey. Ya no sé qué hacer
-¿Ratones?
-No, los fantasmas.


-II-

El juego de las escondidas


A algunos los detesta y no los deja participar; con los otros, se divierte: la mancha, las escondidas, el juego de las estatuas.
Una noche me puse a observarlos: pequeños ectoplasmas informes y lechosos -fantasmas de gatos, quizás; o de perros, tal vez- que desaparecían y reaparecían instantánea y mágicamente en el proceso del juego.
-Los fantasmas, por supuesto, pero ¿y la gata?
-La gata también.
-Pero ¿tienes gata ?
- No, es un fantasma.

Alba Omil

Extraído del libro Con Fondo de Jazz, microrrelatos, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1998

jueves, 9 de agosto de 2007

Ana María Mopty: Con Abrazos


Ilustración de tapa del libro Con abrazos, realizada por Susana Babot
El microrrelato es un signo estético complejo, difícilmente catalogable: transita del mundo narrativo al lírico, recibe aportes de la música, de la plástica, de la filosofía ¿Cómo diseñar un modelo textual? ¿Cómo analizar sus estratos y sus formantes? ¿Cuál es su modalización narrativa? ¿Cómo se perfilan sus sistemas simbólicos? Preguntas éstas de no fácil respuesta pero que pueden esclarecerse algo a la luz de trabajos como el que hoy nos ocupa.
El mundo que edifica Ana María Mopty en sus creaciones, está caballo entre la realidad cotidiana y el territorio de las ensoñaciones.
La ensoñación tiene una potencialidad admirable; para empezar, en su semipenumbra pueden distinguirse objetos, situaciones, otros elementos, que en la realidad objetiva no se ven, o no aparecen, y que están revestidos, o revistiendo, dentro de una variedad de registros, en un determinado modelo textual- el universo representado en ese campo pequeño y hondo que es el microrrelato.
Para algunos autores, el microrrelato puede ser una diversión, o un juego, o una catarsis, o cuántas cosas más.
Para Ana María Mopty es, sobre todo, una búsqueda, una indagación y un tránsito. A veces no resulta fácil seguirla –tanto la hondura como la altura suelen producir vértigo y miedo- pero ella no hace concesiones al lector, dice lo que siente. Si encuentra respuesta, bien; si no… Pero tampoco ignora al lector; para él están destinados los indicadores: vectores que parten del título; palabras claves, acentos invisibles, en fin.
Veamos el diseño estructural y qué notas de referencialidad aporta. En ese orden de cosas, el título –manejado con mucha reflexión por Mopty- es no sólo símbolo alusivo sino que está explicitando el motivo temático. Ese motivo tiene sus envolturas y una leve urdimbre que lo sustenta: alusiones espaciales o temporales, o factuales (algún acontecimiento, algún hecho, algún acto) o relativas a la propia experiencia (reflexiones existenciales, estados emocionales, afectivos, anímicos) [...]


Alba Omil

Extraído del Prólogo del libro Con abrazos (microrrelatos), de Ana María Mopty de Kiorcheff. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

miércoles, 25 de julio de 2007

El Aleph, de Borges


En 1949, Borges publica su tercer libro de narraciones breves, cuyo último cuento -El aleph-, le da el título.
De algunos aspectos de este cuento vamos a ocuparnos ahora.

El título

Aleph, la primera letra de la Cábala, que implica a su vez la cábala completa, parte de cuya sabiduría está, de algún modo, contenida en el cuento precitado.
Son tres los principios fundamentales de la Kabbala que están sosteniendo, y explicando, desde el fondo temático, el mensaje profundo de este cuento (*).
1. El concepto de absoluto (encerrado en el pequeño aleph de la casa de Carlos Argentino Daneri, aleph que, a su vez, encierra la totalidad del mundo visible, real y posible, presente, pasado y futuro).
2. La evolución del universo (registrada en forma vertiginosa por el aleph de la calle Garay).
3. La permanente comunicación mística entre Dios, la Naturaleza y el hombre (el aleph de la calle Garay es imponderable, inexplicable, inaprehensible por parte de la mente humana. Y en su vértigo pueden verse la armonía del universo: Dios, la Naturaleza, el hombre).
Los cabalistas representan en forma simbólica los tres atributos de la divinidad, por tres letras yod encerradas en un triángulo equiátero.
1er atributo: la eternidad;
2do atributo: la extensión infinita.
3er atributo: la sustancia.

En estrecha relación con la eternidad, está el tiempo, con su triple división: presente, pasado y futuro.
Dos hechos prueban que Borges manejaba esos conceptos:
1. El contenido profundo del texto, y sus alusiones más o menos directas.
2. Las aclaraciones formuladas en la Postdata.

La eternidad se asocia al infinito. El vertiginoso aleph no tiene fin.
La extensión se vincula con el espacio -y lo origina-. Y aquí Borges implica todas las posibilidades de espacio. Carlos Argentino expresa:
"[...] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos [...] si todos los lugares de la tierra están en el aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de la luz".
El diámetro del aleph sería de dos o tres centímetros pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
La sustancia se vincula a la materia:
"También se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior".
Las aclaraciones de Carlos Argentino aluden concretamente a dos de las fuentes, la Cábala y la Teoría de los conjuntos de Cántor.


Alba Omil

(*) La kabbala o Qabballah encierra la doctrina hebraica; su nombre deriva del hebreo Qabol, que significa sabiduría recibida por tradición. Es decir, la Cábala en sí misma no existe como libro; su doctrina, recibida por tradición oral y conservada celosamente entre unos pocos rabinos, fuera de la masa del pueblo, se registra en libros como el Seper Ha Zohar -Libro del esplendor-, Sepher Jetzirah -Libro de la formación-.
De tradición oral, la Cábala ha sido objeto de codificaciones repetidas a lo largo de los siglos hasta comienzos del renacimiento. Su codificador legendario es Rabbi Simeon Bar Yochai (s. II).
La cábala registra el nombre inefable; el aleph de Borges registra también lo inefable. La cábala es misteriosa; el aleph también lo es. De esta manera, el título del libro es un valioso indicio para descubrir las claves del cuento, ocultas en el lenguaje y sus procedimientos.
Las veintidós letras del alfabeto sagrado, junto con las diez numeraciones (los diez nombres primeros) se unen para formar las treinta y dos vías de la sabiduría. El alfabeto está compuesto de tres letras.

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

lunes, 23 de julio de 2007

El vaciamiento del verbo cumplir


Artículo de Alba Omil publicado en el diario La Gaceta de Tucumán, Argentina, el día 22 de julio de 2007. El vínculo directo a la nota es:

viernes, 13 de julio de 2007

La estructura contextual como fundamento del texto

Ya Iouri Lotman ha señalado que el concepto de texto no es absoluto sino que está en relación con toda una serie de otras estructuras histórico-culturales y psicológicas concomitantes (La structure du texte artistique. Paris: Gallimard, 1973). En consecuencia, resultaría imposible interpretar plenamente la obra de Ernesto Sábato sin encuadrarla antes dentro de la amplia y múltiple estructura contextual que la sostiene, la nutre y la explica. Un contexto histórico: nuestro tiempo, la Argentina de los años '50 que, a su vez, hunde sus raíces en un pasad centenario que continúa -o debiera continuar- sustentándola; un contexto sociológico: la compleja y contradictoria era de Perón; un contexto geográfico: Argentina, y dentro de ella, preponderante, la ciudad de Buenos Aires, escenario, a la vez, de los hechos novelescos. Un contexto literario: la ficción narrativa en las décadas '40-'50: el mundo, América, Argentina. Un contexto de autor: ese hombre atormentado, obsesivo, comprometido con la realidad de su país y de su tiempo; comprometido con el hombre-en-el-mundo, que nutre con su sangre y con su angustia existencial, empáticamente, a cada uno de los personajes que genera. Conocer a Sábato es abrir un carril hacia el alma, y hacia la mente, de sus figuras literarias. Los hombres y mujeres que habitan en su obra son, en su mayoría, habitantes de la ciudad de Buenos Aires en tiempos actuales, tiempos de vértigo, de deshumanización, de superpoblación, elementos todos generadores de desasosiego, de angustia, de inseguridad. Casi desde siempre, a Sábato le ha preocupado la desmesura del crecimiento demográfico de Buenos Aires y la diáspora de sus consecuencias. En El otro rostro del peronismo (1946) se refiere al caos babilónico de la ciudad, "que pasó, en cincuenta años, de cien mil habitantes a cinco millones, en una frenética carrera por los bienes materiales, con un olvido casi total de los valores espirituales y de la tradición. ¿Qué podía suceder en el alma de la juventud? Tenía que suceder lo que sucedió: un precoz y amargo descreimiento por las grandes palabras y un doloroso desengaño con respecto a la mayor parte los hombres que manejaban la cosa pública" (p. 16).
Todos estos materiales pasarán a nutrir los textos, sobre todo las dos últimas novelas: Alejandra, con su escepticismo, su amargura, su conducta, su nostalgia del pasado y su final, es una laboriosa metáfora en la que se objetiva buena parte de la juventud argentina. Pero como en Sábato alienta siempre una pertinaz y paradójica esperanza, la figura de Martín logra salvarse, claro que, huyendo de la ciudad hacia pureza de los hielos en el sur de nuestro territorio.
Lotman afirma -a nuestro juicio, con certeza- que, dado que el mensaje semiótico exige no solamente un texto sino también un lenguaje, la obra artística, tomada en sí misma, sin un contexto cultural determinado, es comparable a un epitafio en una lengua incomprensible (cit). Es por ello que hemos tratado de trazar un cuadro contextual amplio y variado que ayude a esclarecer contenidos, a explicar conductas, a comprender mejor el mensaje.

Alba Omil

Extraído del libro Sábato, pensamiento y creación, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán, Argentina, 1992.

lunes, 9 de julio de 2007

Quilmes, misterios y supervivencias



Estas fotografías, tomadas por Lucio Piérola el día 13 de abril de 2006, pertenecen al libro Quilmes, misterios y supervivencias, con textos de Alba Omil, cuya primera edición aparecerá en la segunda mitad del año. Incluye 200 páginas totalmente ilustradas a color, y la edición cd-rom con videos y más de 1000 fotos, reportajes a los lugareños, mapas y accesorios. El anticipo de este libro está en el folleto Antigua ciudad de Quilmes, Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2006.

martes, 26 de junio de 2007

La Hidra y su delirante cabellera

La Hidra de Lerna, muy deprimida, fue hasta la cueva de una tortuga vieja que, en sus periódicos viajes a la playa, a lo largo de los años, había oído muchas historias y aprendido muchas cosas.
–Me duele la cabeza, dijo
–¿Cuál?
–No sé bien. A veces una, a veces otra, a veces todas.
La tortuga pliega durante un rato sus párpados viejísimos y después aconseja:
–Busca una pareja: el amor curará tu soledad y aliviará tus males.
La hidra baila feliz una danza de amor. Ondula su cabellera serpentina, se abraza al macho; los mueve una música audible sólo para ellos. Los acompañan coros de peces centelleantes. Bailan las anémonas, los corales, las esponjas: baila el jardín marino, ebrio de sonidos que encantan el silencio profundo.
La pareja, al ritmo del vals, entra a la sala de un galeón hundido, luego sale a la playa. Hasta las noctilucas, iluminan el acontecimiento y tornan fastuoso el acto.
Hacia el amanecer, Hidra regresa, envuelta en su propio aliento mortífero, sangrante y con el asomo de una nueva cabeza.
Los restos del amante quedaron en la playa.
Nuevamente el mar se ilumina y todo baila y la hidra entra de nuevo al viejísimo galeón hundido, y sube con otro amante a la playa y otra vez vuelve sangrando. Y así tantas veces que ni siquiera puede contarlas.
Retorna a la cueva donde la tortuga sueña.
–Me duele la cabeza.
–¿Y el amor? ¿Y los machos?
–¡Tantos! Pero ninguno parecido al de mis ensoñaciones.
La tortuga pliega sus párpados viejísimos y se pone a soñar el porvenir.
–Un macho poderoso ha de llegar un día y te aliviará de tus males para siempre.
–¿Quién? ¿Cuándo?
La tortuga ya ha plegado sus párpados viejísimos y está, otra vez, soñando el porvenir.
Hidra no puede despertarla y se marcha, con la cabellera marchita.
En las sombras de la ensoñación, la tortuga ve la imagen de Heracles, perfilándose en el horizonte.


Alba Omil

Extraído del libro Bestiario Erótico y otras historias de animales, de Alba Omil y Lucio Piérola. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

lunes, 25 de junio de 2007

Kipukamayo

¿Qué significa Kipukamayo? Era el nombre que recibía el especialista en manejar el kipu. Para definir el kipu recurrimos a la explicación del Inca Garcilaso de la Vega: "Quipu quiere decir anudar y nudo, y también se toma por la cuenta, porque los nudos la dan de toda cosa [...] Los nudos se daban por su orden de unidad, decena, centena, millar, decena de millar y pocas veces, o nunca pasaban a la centena de millar [...] Estos nudos o quipus los tenían indios de por sí a cargo, los cuales Ilamaban quipucamayu, quiere decir el que tiene cargo de las cuentas [...] elegían para este oficio los que hubiesen dado más larga experiencia de su bondad. No se los daban por favor ajeno, porque entre aquellos indios jamas se usó favor ajeno sino el de su propia virtud".
Es decir, que ya en aquel tiempo, no cualquiera podía ejercer el cargo de contador, tenía que ser especialista, y no valían acomodos, recomendaciones, padrinazgos ni parentescos. El nepotismo no regía entre estos primitivos y atrasados aborígenes. ¿Cuántos años lucharon los contadores de Tucumán para que se respete el profesionalismo? ¿Cuántos obstáculos tuvieron que vencer para que la profesión fuera ejercida solamente por personal habilitado por título contable?
Hoy los cimientos están firmes, sus pilares consolidados por el tiempo; su nombre cargado de prestigio. Ha alcanzado una cima.
Los que vendrán han de ser los encargados de administrar tan importante herencia. La tarea ya no va a ser tan difícil como lo fue otrora, aunque no sabemos qué variantes irán imponiendo los contextos- De cualquier manera, con la misma dosis de pasión y de fe, es de imaginar que el protagonismo, los logros, la hermandad y el crecimiento han de continuar cada vez más sólidos.

Alba Omil

Extraído del libro Colegio de Graduados en Ciencias Económicas de Tucumán. 75 Aniversario. Para este libro Alba Omil escribió una serie de artículos titulados "Acotaciones a la reseña histórica". Edición del Colegio, Tucumán, Argentina, 1997.

viernes, 22 de junio de 2007

La Salamanca. Primer grado

R. P. Guaccius. El demonio despoja de sus vestiduras al iniciado.
Compendium Maleficarum, Milán, 1626.

Abjurar de la fe y desnudarse, antes de ingresar a la cueva.
Hay antecedentes lejanos de este motivo. Ya podemos verlo entre los grabados del padre Guaccius. Tiene un sentido de purificación, de limpieza y ruptura con el pasado. Las purificaciones son usuales en todos los Misterios. Las encontramos en la cultura de la Tene y en los Misterios de Eleusis, donde, por otra parte, para la iniciación se requería un padrino ateniense, por motivos políticos en los que aquí no nos detendremos, y "el que sin estar iniciado violara los misterios, podía pagar con la vida" (Burkhardt, J. Historia de la Cultura Griega. T. II. Barcelona: Iberia, 1953, p. 234).
Como el aspirante a ingresar a la salamanca, debe contar con un padrino, si no lo tiene y por ello no puede ubicar la cueva, o el lugar de reunión, y quiere conectarse, debe penetrar solo, a la medianoche, en la selva cerrada y allí invocar al demonio -sin portar ninguna imagen ni elemento sagrado-, desnudarse y esperar.
Si se aparece el diablo, conversarán, se establecerá el pacto y se trasladarán a la cueva, o al sitio de reunión, siempre por lugares totalmente desconocidos y laberínticos en donde, al aspirante, le resultará muy difícil orientarse en el caso de que se eche atrás en su propósito.
Por lo general estos relatos no están en boca de sus protagonistas. Siempre aparecen como relación de un tercero. A lo sumo, el relator puede confesar que lo invitaron y que llegó a la primera etapa de la ceremonia pero que no quiso abjurar de la fe y se volvió.
Los curiosos son severamente castigados.

Alba Omil

Extraído del libro Lo demoníaco en los mitos del Noroeste Argentino, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2002.

jueves, 21 de junio de 2007

Frente y perfil de Victoria Ocampo. Aclaración preliminar.

Este libro (en originales) llegó a manos de V.O. dos semanas antes de su partida, cuando ya agotada por el dolor, estaba con sus fuerzas disminuidas. No obstante ello, lo leyó minuciosamente, comentando a cada paso, acotando, revisando, corrigiendo. Y este hecho viene a demostrar que esta mujer no sólo fue un ejemplo de verticalidad y de conducta, sino también un ejemplo de vida y de muerte. La esperó trabajando, como un obrero junto a su herramienta, como un labrador frente a su arado, como un soldado junto a su fusil. Seres de esta pasta les hacen falta a estos pueblos jóvenes, que están gestando su desarrollo.
Cansada ya de dar, en esta vida, se fue a la gloria dando, ratificando una vez más su condición de patricia ejemplar, para los que seguimos.
Olfativa como era, en sentidos literal y metafórico, había empezado a olor la llegada, el momento de este viaje. Y lo esperó altiva y sin lamentos: "No hablemos de eso", dice aludiendo a su dolor físico, en la que, creemos, fue su última carta. Es que estaba hecha de la madera de nuestros viejos criollos, de esos que, arañando la tierra argentina, labraron su grandeza.
Su vida, su larga vida, iba cargándose de muertos: una fuerza imponderable le arrancaba los amigos como si a un viejo árbol le arrancasen, uno a una, sus ramas. Porque toda ella fue eso: un inmenso árbol: floreció copiosamente, dio frutos hasta el cansancio, sus semillas se esparcieron por todos los puntos de la tierra; a su sombra se cobijaron innumerables viajeros; su casa queda como un nido, para los que continúen llegando. Como los viejos árboles ha caído, y como en ellos, de sus raíces han de brotar nuevas plantas: ya están frondosas las ramas de su gloria y son inocultables las copas de aquellos otros que tienen el inconfundible aire familiar y así demuestran que V.O. fue una escritora que hizo escuela. Por su temperamento, por su estilo, por su asombroso dominio de la palabra, no podía haber sido de otro modo.
Siempre ha escrito cartas de despedida a sus amigos queridos que habían dicho "adiós a la hermosura de la tierra". Ahora ella ha ido a reunírsles, a gozar con ellos de la que, creemos, ha de ser una constante primavera rosa y verde. De este lado, alguien que en estos momentos trata de hilvanar estas líneas, ha quedado debiéndole una carta.

Alba Omil

Extraído del libro Frente y Perfil de Victoria Ocampo, de Alba Omil. Editorial Sur, Buenos Aires, Argentina, 1980.

martes, 19 de junio de 2007

Cortázar - Antín. Donde la imagen puede decir más que la palabra

Circe-Delia germina, en la década del 60, en el filme de Manuel Antín, con el nombre que le diera el mito.
La historia es la misma que sostiene el cuento (en la redacción del libreto ha participado Julio Cortázar) aunque es otra su ubicación temporal: modas, conductas, medios de transporte, nos sitúan en los años 50-60 y no en los 20 de la versión cortazariana. Pero estamos ante el tránsito de la historia a otro género y, en consecuencia, frente a otros significantes. El cuento utiliza, lógicamente, la palabra escrita; el filme combina significantes visuales con significantes sonoros y los armoniza. La imagen, a veces, suplanta a la palabra; otras, convive con ella. Música y ruidos la respaldan y, además, juegan sus roles: tal es el caso del teléfono -para no citar sino uno-: su ring ring reiterado y estridente asume funciones narrativas y estructurales complejas; su sonido ocupa toda la escena; la larga reiteración crispa pero, así, está traduciendo la crispación del que no quiere contestar, su deseo de ruptura de una relación que no lo atrae, la persistencia del otro personaje femenino y su propia crispación porque no lo atienden. Por otra parte, el acople de dos llamados telefónicos sirve para vincular dos instancias espacio-temporales diferentes que cobran simultaneidad en la atención del espectador.
La imagen muestra, induce, habla; la música, la voz, ciertos ruidos anticipan, refuerzan o acompañan.
El relato de Cortázar está en boca de una primera persona que habla de Delia a la distancia y que, en una aclaración señala: "Yo me acuerdo mal de Delia [...] yo tenía doce años entonces". Luego hace otra: "Yo me acuerdo mal de Mario pero dicen que hacía linda pareja con Delia". Habla también de "olvidos menores, de falsedades mínimas que tejen y tejen por detrás de los recuerdos". Agreguemos a esto el uso de impersonales -dicen que"- y de verbos de aproximación o de duda: "parece que", "sospechar que", a los que recurre el emisor.
Observado desde esta perspectiva, es explicable que el retrato aparezca como desvaído, como fuera de foco, algo así como la amarillenta foto de un viejo álbum.
El filme acerca a Delia, la corporiza, delinea sus rasgos, la vemos, la oímos, los planos se han aproximado. Podemos observarla en acción, de frente, de perfil y de espaldas; de cerca y de lejos. Vemos cómo maneja la mirada: adónde va, qué traduce; medimos sus distintos tonos de voz; desciframos sus gestos -su sonrisa, su semisonrisa- y, sobre todo, sus silencios. Con todos esos recursos, el cineasta deja abierto un buen camino hacia la conciencia del personaje.
A la representación hay que agregarle un significante de importancia: el physique du role y la intensidad interpretativa de Graciela Borges: la frialdad, la distancia emotiva entre ella y los otros, que trasmiten sus gestos, su mirada, su tono de voz. Voz y rostro, en perfecta correspondencia, permiten la interacción de la imagen con el sonido, dos significantes que se complementan para ir trasmitiendo un significado profundo que nos ayudará, si no a definir, al menos a comprender algo al personaje [...].

Alba Omil

Extraído del libro El microrrelato y otros ensayos, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2000.

viernes, 15 de junio de 2007

Martín Fierro. La vigencia

Ciento trece años no es demasiada edad para un libro. En materia de vejez, y en lo que a libros se refiere, quien escribe estas lineas recuerda dos hechos significativos:
1) Un códice del siglo XIV que manejé en la Biblioteca Nacional de Madrid: el pergamino amarillento con manchas marrones, la gran letra miniada, la pulcritud gótica y por ahí, al margen, una minúscula, garabateada florcita, apenas perceptible; fruto quizás del jugueteo, de la abstracción o de la fatiga del copista, era quizás lo único vivo de aquel códice, tembloroso testimonio de humanidad y de vida entre tanta letra muerta, entre tanta idea ya sin vigencia.
2) En los anaqueles de la biblioteca de quien escribe estas páginas, entre una veintena de libros antiguos, un Salustio de 1556 se codea con una primera edición de L'Art Poétique, de Boileau (1674). El cuero crudo de la tapa del Salustio, la apretada gótica, el a veces confuso latín, la minuciosidad de las viñetas, las frecuentes manchas como de óxido que salpican las páginas, hablan del paso de los siglos; muchas de sus ideas, no: continúan vigentes porque hacen a la esencia de la humanidad. Editada un siglo más tarde, no pasa lo mismo con la Poétique: la mayor parte de sus ideas ya no tiene vigencia.
También el humildísimo folleto de la primera edición del Martín Fierro habla de vejez, pero muchas, gran parte de sus ideas, tienen la frescura del día y parecen haber sido registradas como un mandato, para el argentino de estos tiempos, de 1930, de 1945, de 1980, y tal vez de los que vendrán.
Hoy el campo tiene límites y las reses dueños; el tractor ha reemplazado al buey y, en gran medida, el automotor y el avión, al caballo; el gaucho ha desaparecido de la escena argentina, también el indio, los malones, las yeguadas bichocas y la ignominia del cantón de frontera y de la papeleta obligatoria para transitar por la pampa. Pero subsisten muchas cosas: no hace demasiado tiempo era necesario, indispensable, otro tipo de papeleta y un escudito distintivo de afiliación para hacer cualquier gestión, mantener o conseguir empleo y tranquilidad; la no adhesión significaba hambre, exilio, cárcel o el descenso de bibliotecario a inspector de aves en el mercado del Plata. Y "la memoria es un gran don / cualidá muy meritoria".
Continúan vigentes el abuso de autoridad y su contraparte, el acomodo y la complacencia; la renuncia voluntaria a la más elemental verticalidad humana -causas éstas de males mucho mayores- encarnadas en la figura simbólica del viejo Viscacha. En la década del cincuenta Borges escribía, acerca de los consejos: "son parte del retrato y no deberían ser otra cosa; demasiado lo hemos escuchado y aprendido los argentinos, sobre todo el que reza: 'hacete amigo del juez'". (El Aleph en Obras completas, Buenos Aires: Emecé, 1971). Sin embargo los argentinos de hoy podemos advertir cómo se mantiene su vigencia. Y el propósito de Hernández era evitar que se repitieran los ejemplos que él hacía vivir en su Poema: "mas Dios ha de permitir / que esto llegue a mejorar".


Alba Omil

Extraído del libro Cuatro versiones del Martín Fierro, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, 1993. Este ensayo consiguió el premio "Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires" en el año 1984.

jueves, 14 de junio de 2007

Hilos

Teje la araña su baba sutil. De vez en cuando la trama atrapa un insecto.
La araña lo evalúa, lo liba, lo degusta y lo goza: goloso placer de los sabores.

Teje el tiempo su hilo imparable. En la tela van cayendo sin pausa las víctimas, que quedan allí inmóviles, secándose.
El tiempo ni siquiera lo advierte.

Alba Omil

Extraído del libro De este solar, de varios autores. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1998.

miércoles, 13 de junio de 2007

Los menhires

Fotografía del "Gran menhir" de El Mollar, Tafí del Valle, Tucumán,
en distintas horas de la mañana. Buffo, 1940, lámina VII.

Mucho se ha escrito acerca de estos monumentos, su sentido, su significado, su misterio. No intentamos adentrarnos en él, sólo anotar o reflexionar sobre afirmaciones de terceros, algunas de ellas, generalizadas:
1. Los curiosos movimientos -¿o mensajes?- que la luz del sol confiere a sus grabados.
Guido Buffo (El gran menhir, edición propia, Tucumán, Argentina, 1940) afirma algo que muchos de los que hemos mirado con detenimiento esta piedra, hemos podido advertir: "he notado que el juego en la luz solar originaba en las figuras grabadas en forma circular, efectos que por su variabilidad le daban carácter de 'ojo’ cuya mirada iba dirigida precisamente hacia el sol".

"La mirada de esos ojos, casi horizontal en las primeras horas de la mañana, se dirigía cenitalmente al mediodía; y a las 10, y a las 11 horas, en direcciones intermedias" (Buffo, 1940).
Si la mirada de la piedra seguía el curso del sol, podría tomarse como un monumento en su homenaje pero también como un observatorio astronómico. ¿Y los otros grabados?
Por su parte, el Dr. Orlando Bravo (Para una lectura astronómica sobre los menhires de "Casas Viejas". Tucumán. Ed. del Rectorado. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina, 2003: 7) hace otro tipo de estudio y otro tipo de determinaciones, ubicados ambos ya en el ámbito científico-astronómico: la sombra de los menhires, su relación con las horas del día y con los meses del año, con los ciclos solares, con los solsticios y equinoccios.
También aporta otro dato importante: en mayo de 2003, acompañado por el cacique de la comunidad del Mollar, D. Plácido Ríos, pudo "discernir un señalamiento logrado con dos menhires de 1,20 m. aproximadamente, uno de ellos en el centro de una circunferencia de piedras de unos 2 metros de diámetro [...] La recta común por sus bases indicaba la salida del sol en los equinoccios, detrás de las cumbres del cerro Mala Mala".
Y luego agrega: "En otro momento, y con la colaboración de lugareños, se rescataron 4 menhires de alturas adecuadas para construir un calendario estacional"
¿Qué otros mensajes encerrarán estas antiquísimas piedras?
Se ha dicho, también, que son una suerte de "inyecciones" vinculadas con la energía solar y sus efectos sobre la tierra, y que por ello estaban en determinados lugares, específicos, de donde no deberían haber sido movidos [...]

Alba Omil

Extraído del libro Creencias y ritos aborígenes del NOA, de Alba Omil. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2005.

martes, 12 de junio de 2007

El Toto no estaba solo

El Toto no estaba solo, lo acompañaba una curda (*) impresionante que lo obligaba a caminar erecto –para no perder la respetabilidad ni la compostura, che– como lo hacía cada vez que hablaba con su alma, al fin de cuentas, la única capaz de comprenderlo cuando él se sumergía en la nebulosa:
"La ciudad se ha bajado a dormir sobre el asfalto, arropada por la niebla interminable. Voy pisando sus torres, sus luces y su gente, sus malditas miserias y todos sus espejos, donde se bañan mil ojos, un solo ojo repetido mil veces y una órbita seca por donde espía la muerte".
Sale de la ciudad sin advertirlo y penetra en el mundo de las ensoñaciones. Hace un nudo y otro nudo; en series infinitas va eslabonando el tiempo que se enrosca en el pequeño espacio de su conciencia arropada por la niebla.
Se pierde entre los espejos, en un zig zag interminable para no pisarlos porque si se rompen es mala suerte y ya demasiada con la que se le había cuajado encima sin comprarla ni ganarla. Y no sabe qué hacer con tanto cielo negro donde de vez en cuando se baña alguna estrella o un foco macilento; porque la llovizna hace rato que se ha ido, aunque quedan los espejos.
De repente se cruza con la gata sorda que, acostumbrada a espiar en el mundo de los muertos, hace rato perdió el sentido de la realidad y lo confunde pero ¡cierto!, la gata se ha muerto hace dos noches y qué hace aquí este fantasma, cruz diablo, a lo mejor yo, como ella, soy fantasma y andamos explorando la ultratumba donde también llueve y se amontona el agua en los charcos como en esta maldita ciudad llena de ruido aunque ¡caramba! la ultratumba es silenciosa, entonces no estoy muerto ¡qué joder! Pero ¿y la gata? Porque la gata se ha muerto hace dos noches y cómo nos ronda la muerte. Convivir con los muertos ¡carajo! ocupando cada una de las células del alma y toditas las células del cuerpo, recorriendo los conductos del cerebro, laberinto que no excreta ¡ufa! acabo de hacer trizas un espejo, mil pedazos la realidad interior, mil pedazos la realidad afantasmada que me rodea y estoy hecho sopa y lleno de barro, parece que me dormí.
Mejor, me voy a casa.

Alba Omil

(*) Borrachera

Extraído del libro Panorama de la narrativa tucumana (de La Carpa a nuestros días), de varios autores. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

viernes, 8 de junio de 2007

Clasificación del microrrelato

Ya se ha insistido bastante en el intento de clasificación de los microrrelatos. De entre esas múltiples clasificaciones, siempre provisorias, nos interesa rescatar una, su índole.
Hay microrrelatos que son un juego: los que hacen pensar, reír, o sonreír, y los que se asemejan a la sonrisa del gato (Anderson Imbert, Enrique. El Gato de Cheshire, Buenos Aires: Losada, 1965). Hay algunos habilísimos y sorprendentes; muchos ligeros, veloces, casi etéreos, aunque en su interior suelen tener algo que los protege frente a los vientos del olvido.
Por otro lado —también en su amplitud más general— están aquellos que tienen entrañas vivas y calientes, sobre todo corazón cuyo palpitar se acompasa al nuestro; desde cuyo cerebro algunas neuronas proyectan rayos sobre las nuestras y las hacen temblar y conmoverse y recordar, ¡qué palabra! ¿Cuánto juegan los recuerdos en los microrrelatos?, ¿cuánto pesa la reflexión existencial en estas mínimas y densas creaciones?
A nuestro juicio, ninguno de los rasgos señalados en los párrafos precedentes, los amerita ni los demerita especialmente; sólo los clasifica.
En este mundo de permanente cambio, y en constante fuga, el microrrelato puede atrapar el tiempo, el espíritu de época, la nuestra y la otra, la que quedó atrás y que la memoria conserva, aparentemente intacta y quieta pero que la fantasía ha ido idealizando y modificando mientras la autorreflexión la adensaba.
En el microrrelato puede haber sucesión de hechos —siempre fugaz y transitoria, acorde al ritmo del mundo en que vivimos y sobre todo, a las características del genero— pero también la mirada puede detenerse en un solo hecho y abrir un agujero en él para mirarlo por dentro; o alejarlo, para poderlo observar en perspectiva, o para jugar con él, proyectándolo en espejos deformantes, o fijarlo, como quien le saca la lengua o hace pito catalán al mundo efímero que lo circunscribe.


Alba Omil

Extraído de la Introducción al libro Microrrelatos del mundo hispanoparlante, de varios autores. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2006.

jueves, 7 de junio de 2007

La Creación. Su simbolismo

Aníbal Carrillo: Muestras de una cultura aplastada. Óleo sobre tela, técnica mixta. 80 x 110 cm.

El espíritu humano está dotado de una facultad generadora de imágenes que le permite, o le abre, la posibilidad de expresar simbólicamente lo inasible. Esto nos habilita -como habilitó al aborigen- para aprehender la eternidad, el misterio cósmico, el mundo trascendente, más allá de nuestra pedestre finitud.
Sólo el símbolo puede fundir diversos elementos en una expresión global única. Asi tenemos que admitirlo al observar algunas figuras creadas por los aborígenes y recreadas por Aníbal Carrillo.
"Un símbolo nunca es completamente abstracto" -señala Jolande Jacobi-, es siempre abstracto y 'encarnado'" (Complexe, Archétype, Symbole, Neuchatel (Suisse): Ed. Delachaux & Niestlé, 1961: 67). El aborigen en sus ceramios ha combinado ambas formas: humanas y animales, perfectamente identificables; alternan, o se combinan con otras, abstractas: círculo, cubo, cruz, esfera, punto, espiral. Pero siempre son imágenes -o series de imágenes- perceptibles ya por el ojo, ya por la mente humanos, ya por ambos a la vez.
El artista, con sus manos, que interpretan lo que intuye el alma, pone al alcance de la limitada cotidianeidad del hombre común, algunas ráfagas de la misteriosa infinitud. Por eso nos preguntamos ¿qué ideas arquetípicas, qué imágnes arcaicas, qué terrores, que anhelos se encierran en estas series de figuras tanto concretas como abstractas?
Nuestros aborígenes eran grandes observadores de la naturaleza -cielo, plantas, animales en general, aves, en especial- con los que convivían en contacto permanente. La observación constante les permitía sacar enseñanzas y conclusiones (aún hoy vigentes en campesinos de tierra adentro): por qué canta el sapo antes de la lluvia, por qué algunas aves se bañan en seco y luego llueve; por qué otras (el suri, por ej.) corren abriendo las alas cuando se avecina una tormenta o aún antes de que aparezcan sus primeros indicios.

Alba Omil

Extraído del libro Arte y mito en las culturas andinas del Noroeste Argentino, de Alba Omil y Aníbal Carrillo. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2003.

viernes, 1 de junio de 2007

El escorpión

Es un terrorista que maneja armas peligrosas, ocultas en el saco de su cola. Es brutal con los débiles que terminan sirviéndole de alimento. Ataca, vence y carga a la víctima en su lomo. Y allá van. Pero en el momento de la seducción puede ponerse tierno.
Es la época del celo, de la conquista y de la cópula.
El macho ha estado observando a un grupo de hembras. Selecciona a una de ellas; se le acerca bailoteando a un rimo de vals que sólo él escucha. Se inclina, curtido galán en muchos avatares semejantes. Con sus pinzas toma delicadamente las de ella y, marcha atrás, la conduce a un paseo que terminará sobre la arena, uno encima de la otra, cumpliendo el rito de la multiplicación y continuidad de la especie.

Alba Omil

Extraído del libro Bestiario Erótico y otras historias de animales, de Alba Omil y Lucio Piérola. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

viernes, 25 de mayo de 2007

Poema, I

De nuevo lo golpeó la realidad, con saña. Quiso aislarse del mundo. Borrarlo. Reconstruirlo.
Y escribió el poema.

Alba Omil

Extraído del libro Con Fondo de Jazz, microrrelatos, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1998.

jueves, 24 de mayo de 2007

Reelaboración de las fuentes en Don Juan Manuel

Ya señaló Menéndez y Pelayo que Don Juan Manuel no inventó ninguno de sus cuentos. Por otro lado, los estudiosos de la Literatura se han ocupado de buscar sus diversas fuentes, como acabamos de ver. Pero bueno es recordar que nada nuevo se halla bajo el sol; que en el orden literario no es necesario inventar una historia para ser considerado un creador; y Don Juan Manuel lo es en gran medida: toma la materia prima ajena –solamente los elementos esenciales, por lo general la línea anecdótica más simple, y esto para no hablar de cuando el punto de partida es apenas un refrán-, la amasa de nuevo, le incorpora otros elementos, la condimenta a su gusto, le da una nueva forma y le imprime su sello particular. Para lograr esto último pone en juego algunos recursos fundamentales de los que consideraremos los siguientes: a) su fuerte personalidad; b) su capacidad de síntesis; c) su oficio de narrador; d) su diestro, selectivo manejo del idioma.
a) Un escritor argentino señaló alguna vez, con agresiva justeza: “Todos los caudillos llevan mi marca”. Apropiándonos de su expresión podríamos afirmar que todos los personajes del príncipe español llevan su sello; quien más, quien menos lo refleja; él se proyecta en sus figuras; todas ellas, en una y otra forma, ostentan rasgos de su carácter y esto las individualiza: nacidas de la misma matriz, son otra cosa, ostentan el sello masculino. Así hemos de verlo, son agudas o insidiosas o intelectuales o desconfiadas o mesuradas o todo eso, o mucho de eso, a la vez.
b) Posee un ojo crítico agudo, capta lo esencial y con eso redacta un ejemplo (no basta sino leer, a manera de prueba, la forma como ha recreado el asunto de los cuervos y los búhos, aspecto en el que en seguida nos detendremos) o configura un ambiente (el aula del mágico de Toledo) o ilustra un carácter; aunque sus personajes sean más bien esquemáticos, más tipos humanos que individuos, aparecen como criaturas vivas (doña Truhana, cuya mayor ambición es despertar la envidia de sus vecinas), hechas a su imagen y semejanza; cuántos, como se verá, están dotados de su inteligencia, de su astucia, de su claro sentido de la realidad.
c) No hay que olvidar que, si bien recibe como herencia un ya vasto vocabulario al que puede echar mano para elegir la pieza que más convenga y que mejor encaje en su juego, los usos de la lengua no son muchos: cuando una determinada situación se le plantea y el uso no tiene antecedente, él debe inventarlo […].
d) Se ve que ha estudiado la situación con detenimiento antes de presentarla: su madurez y organización así lo demuestran; es también muy madura y consciente la forma como va dosificando el interés. Están muy estudiados los pequeños, bien que ajustados, detalles con que colorea el cuadro general (él, tan parco y amante de la síntesis); es notoria la vivacidad y oralidad de los breves diálogos en estilo directo, en tantos hechos más que hemos señalado a lo largo de este capítulo […].

Alba Omil

Extraído del libro El estilo del Conde Lucanor, de Alba Omil. Editorial Lucius, Tucumán, Argentina, 1976.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Post-facio

Terminar un libro es como regresar de un viaje; tiene una buena carga de nostalgia y su gran dosis de adiós. El adiós y la despedida portan siempre algo lacerante, mucho de pérdida.
Sin embargo, en el caso de un libro, la situación muestra sus diferencias: a) porque este, en particular, pretende ser una muestra de gratitud ante la Naturaleza y una modestísima ofrenda a la Creación Divina; b) porque el libro, en general, es una forma de entrega, o un legado: aquí les doy esto; estas ideas, estas palabras, estas construcciones verbales.
Estas ocurrencias son el producto de recetas complicadas donde se combinan ingredientes aportados por el corazón, por el cerebro, por la experiencia, por la memoria, por sufrimientos, por alegrías, en fin.
Por otra parte, en ese filtro mágico que es la literatura, todo se combina –bien o mal– y sale el producto, bueno, malo o regular, pero siempre incompleto: le falta un aporte que lo pone el lector, con su capacidad, con su interés, con su apercepción, con su experiencia, con su mente y con su alma.
Este libro, para completarse, necesita esos aportes.

Alba Omil

Extraído del libro Bestiario Erótico y otras historias de animales, de Alba Omil y Lucio Piérola. Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2007.

La presentación de este libro en San Miguel de Tucumán fue realizada ayer, 22 de mayo de 2007, en el Centro Cultural "Alberto Rougès", de la Fundación Miguel Lillo.

lunes, 21 de mayo de 2007

Dulcinea del Toboso y Solveig Amundsen, un parentesco espiritual

Sabemos que Dulcinea es un ser inasible, un tejido de humo; nadie nunca podrá decir, con acierto, cómo fue, más allá de los imponderables emitidos de tanto en tanto por Don Quijote. En este sentido se emparienta con Solveig Amundsen (personaje de la novela Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. Buenos Aires: Sudamericana, 1973). Solveig, según manifiesta Adán, “era la materia prima de toda construcción ideal, o el barro con que se amasan los ensueños”. Pero el parentesco va mucho más allá de las generalidades: Alonso Quijana, hidalgo de aldea, hombre solitario, de vida aparentemente vulgar, sale del anonimato recién cuando descubre que su destino es el de caballero andante cuyo norte y guía ha de ser la bella princesa Dulcinea del Toboso. Del mismo modo, Adán Buenosayres no reconoció su estado de tribulación y soledad hasta el momento en que le fue revelado su “norte verdadero en la figura de aquella”. No la nombra, como suele hacerlo Don Quijote con Dulcinea, sino por medio de perífrasis o de eufemismos, Así llegamos a dos condiciones que remarcan el parentesco

Dulcinea Solveig
Guía Norte y guía
La señora de mis pensamientos Ella, aquella
[…]

Singular importancia concedió Don Quijote al hecho de buscar nombre para su amada, nombre de cuya secreta realidad sólo él era depositario, porque ¿quién más sabía que Dulcinea era el otro nombre de Aldonza Lorenzo? Por otra parte, el caballero de la Mancha, en más de una ocasión va a protestar porque los labios impuros de Sancho pronuncian el nombre tan venerado. En cuanto a Solveig, leemos lo siguiente: “El nombre reservado estaba dicho… Lo que más le dolía era ver ya en los labios impuros del dragón aquel nombre que no había proferido él ni siquiera en su Cuaderno de Tapas Azules. Pero ¿qué hacer? ¿abatir al dragón y arrancarle de la boca el dulce nombre profanado?”.[…]


Alba Omil

Extraído del libro Ensayistas del NOA, de varios autores. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1992.

domingo, 20 de mayo de 2007

Presentación del libro Panorama de la Narrativa Tucumana. De La Carpa a nuestros días.

El día martes 15 de mayo de 2007 se realizó la presentación del libro Panorama de la Narrativa Tucumana. De La Carpa a nuestros días. Es una antología de cuentos y microrrelatos que reúne a escritores tucumanos de diversas generaciones y de distintos lugares de la provincia. La selección de textos y coordinación editorial estuvo a cargo de Alba Omil. Los autores son Julio Ardiles Gray, Octavio Cejas, Alba Omil, Tulio Santiago Ottonello, Carlos Alfredo Alonso, María Eugenia Godoy, Elvira Juárez Aráoz, Ana María Mopty de Kiorcheff, Jorge Namur, Lucio Piérola, Estela Porta, Luis Sáez, Eduardo Santos y Ema Cristina Zamora. En el acto hablaron los autores Ottonello, Namur y Mopty de Kiorcheff. El acto se realizó en el Centro Cultural "Alberto Rougés" de la Fundación Miguel Lillo, en San Miguel de Tucumán. Las fotos a continuación fueron cedidas por Luis Sáez, co-autor del libro.

De izquierda a derecha: Tulio Santiago Ottonello, Ana María Mopty de Kiorcheff y Jorge Namur, haciendo la presentación del libro.


En primer plano, Elvira Juárez Aráoz y Tulio Santiago Ottonello. Detrás están Mafalda Benuzzi de Canzonieri y Amanda Guillou de Isas, antes del comienzo de la presentación.

En las primeras filas, junto a otra gente estaban los autores Eduardo Santos, Elvira Juárez Aráoz, María Eugenia Godoy y Lucio Piérola.

En esta foto están Lucio Piérola, Alba Omil, Jorge Namur y Constanza Terán de Colombres, quien habitualmente lleva a cabo la coordinación este tipo de eventos.

viernes, 18 de mayo de 2007

El estilo de Octavio Cejas

Cronológicamente, Octavio Cejas pertenece a la generación del 60 pero no forma parte de ella: es un francotirador tardío que no absorbió los códigos que el contexto socio-cultural ofrecía en esos momentos. Él estaba en otra cosa, en otro mundo, ocupado con su tarea de maestro rural y dedicado con pasión, a vivirla. Tenía, también, otros modelos, fundamentalmente Luis Franco. Después –veinte años después– entró Cortázar en su hábitat. Y entró con todo, a tal punto que –el mismo Cejas lo reconoce– establece un mojón en su vida literaria y delimita dos épocas: antes y después de Cortázar. Pero la influencia se circunscribe al tratamiento de la forma narrativa porque nuestro autor continúa fiel a sus temas, a sus registros de oralidad –léxico, sintaxis, tono-, a su espacio textural y a sus personajes. Es que en este aspecto no podía cambiar porque sus intereses son otros, el perfil del hombre que él indaga interiormente, es otro, otra cosmovisión, otra manera de ser en el mundo. […]
Cejas se adueña de un tiempo remoto –historia y leyenda– y lo fija en sus textos, tal vez por cariño, tal vez como un testimonio de adhesión o devoción, tal vez movido por el deseo de fijarlo para que no se pierda. Y así aparece, polivalente, múltiple y estratificado, el tiempo de la América nuestra –pasado pre-colombino-; el tiempo del conquistador; el tiempo campesino de hoy, tan lejos de las ciudades. A veces cada palabra es un reservorio y hay que recurrir al glosario para descubrir que ella encierra un pequeño mundo de significaciones estratificadas. Pero ese tiempo porta su propio espacio que también se ubica exactamente conformando la diégesis. Y Cejas recupera la voz de la gente que ocupa esa diégesis, y lo hace en forma permanente y total: verbaliza su literatura no sólo en los parlamentos. Hay una similitud expresiva en la voz del sujeto del enunciado, de manera que la oralidad impregna todo el texto literario. […]

Alba Omil

Extraído del Estudio preliminar al libro Real Sayana (Relatos), de Octavio Cejas. EUDET (Editorial Universidad de Tucumán), Tucumán, Argentina, 1991.

jueves, 17 de mayo de 2007

Todo bicho que camina...

Si revisamos la forma de alimentación de nuestros campesinos del NOA, sobre todo de aquellas zonas más alejadas de los centros urbanos -monte adentro y cerro adentro- hemos de ver que se mantienen algunas costumbres alimentarias heredadas de los aborígenes y/o transformadas en la época de la colonia.
Hemos reunido aquí un pequeño repertorio tanto de comidas como de su preparación, que resulta muy interesante por su calidad y por su variedad.
El suri (ñandú o avestruz americano): era animal sagrado para los nativos -simbolizaba la nube- y en consecuencia, respetado en las cacerías. Adán Quiroga señala otro hecho: la importancia de sus nidadas. Cada huevo equivale más o menos a una docena de los de gallina, lo que resultaba importante para su alimentación. Habrá que agregar a esto que la carne del suri es seca, dura y muy fibrosa, es decir poco propicia para la alimentación. Pero los huevos podrán convertirse en apetitosas tortillas.

Tortilla de huevos de avestruz: no rompían el huevo, lo perforaban en ambos extremos, dejando la cáscara intacta para luego decorarla y, atravesada con un hilo, colgarla en la casa para prevenir los rayos, o como simple adorno, costumbre que se mantiene hoy en muchos hogares campesinos. Al huevo, condimentado y mezclado con rodajas de papas fritas o hervidas, lo colocan en una lata untada con aceite, que tapada, se cocina a las brasas.

Dos sabrosas variantes:
-Al huevo batido, en lugar de papas o sin omitirlas, se le agrega la siguiente preparación: cebolla frita, algo de ajo y charqui (carne seca típica) previamente asado y molido en mortero. Se hace la tortilla y se cocina del modo indicado.
-Se hace un puré de papas bien condimentado y se arma un pastel relleno con la mezcla a la que se le pueden agregar pasas de uva. Se lo cuece al horno o a las brasas.

Alba Omil

Extraído del libro Comidas regionales. Noroeste Argentino. Ingredientes y un poco de historia, de varios autores. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, segunda edición corregida, 2004.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Apariencia y realidad. El desengaño del mundo

Otro aspecto que desvela al hombre de nuestro tiempo y que nuestros grandes escritores -Borges, Sábato, Cortázar- proyectan en su obra es el de la apariencia frente a la realidad del mundo. La pérdida de confianza en la realidad es una actitud que inicia el hombre al entrar en la modernidad. Todos los cimientos de sus estructuras ceden cuando descubre la realidad oculta bajo una apariencia engañosa. Y así, se encuentra frente a dos elementos que, conjugados, se galvanizan y potencian: lo engañoso y lo transitorio del mundo y de la vida, pero qué paradoja, en lugar de huir, de despreciarlos, se aferra desesperadamente a esa realidad que lo limita y lo defrauda. Esta pérdida de confianza en sí mismo y en el mundo que lo cobijaba, llevó al hombre del siglo XVII a regresar al refugio de un prometido Más Allá, pero ¿y el hombre de hoy? Los personajes de Sábato, Sábato mismo, nosotros sus lectores, carecemos de esa sólida apoyatura teológico existencial que sostenía a los hombres del medioevo, o del Barroco. Independientemente de que el hombre de hoy sea o no religioso, le falta la solidez y la seguridad de un Más Allá que lo espera y lo compensará. El hombre de hoy lamenta su acabarse y, mal que mal, quiere seguir en este pobre mundo que tantas desventuras le ocasiona. Para Sábato, para Borges, para nosotros lectores, la eternidad está en la vereda de enfrente, y aquí nosotros, seres finitos condenados a morir, a abandonar todo aquello que amamos, que nos ata porque depositamos, con nuestro afecto, buena parte de nosotros mismos. Sábato lo plantea, aparentemente en broma pero con la más absoluta seriedad: "uno podría vivir una cantidad razonable de tiempo, digamos ochocientos, o mil años". Y sin duda, esta limitación lo entristece y lo deprime. En idéntica actitud están sus criaturas literarias.

Alba Omil

Extraído del libro Sábato, pensamiento y creación, de Alba Omil. Secretaría de Post-Grado, Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán, Argentina, 1992.

martes, 15 de mayo de 2007

Antonio Pagés Larraya, poeta y crítico

[…] En la Crítica literaria, como en otros órdenes de la vida, hay figuras a las que el tiempo, o la moda, terminan por desdibujar. ¿Será por falta de entidad, de peso? Será. Pero hay otras que permanecen. ¿Qué es lo que distingue a los que perduran? Para empezar, la solvencia; también su modo de enfoque. Esa solvencia se asienta sobre la base de infinitos libros –“un saber de la cultura, un saber de la literatura”, diría Anderson Imbert- que luego enriquecerán y sustentarán el trabajo crítico, para que el lector establezca nexos, recomponga un cuadro mayor que el que se le ofrece, y se introduzca con comodidad dentro de la obra analizada.
Debido a esto, el crítico no ve, no debe ver, la obra aislada; la ve o debe verla, en. En un entretejido de situaciones que no se detallan pero que se respiran y se sienten; que laten en las entrelíneas, en el acomodo de palabras, en la selección del léxico, en su deliberado poder evocador, en la sintaxis. Y que gravitan. […]

No interesa cuál empezó a producir primero, si el poeta o el crítico; sin embargo, tenemos la seguridad de que el poeta estuvo antes: así lo demuestra, en primer término, su manera de ver el mundo; en segundo, su modo de expresarlo.
Toda su obra está atravesada por un eje ardiente, la nacionalidad, eje profundo a lo largo de su producción tanto crítica como poética: una suerte de médula hipersensible que la recorre y, extraño radar afectivo, que capta y refleja la esencia nacional. Y tenemos la sospecha de que ese escenario gigantesco, histórico-literario-cultural de la Argentina que Antonio Pagés Larraya presenta en sus ensayos críticos, no sería el mismo (ni la misma vibración, ni el enfoque apasionado, a veces doloroso) si no lo habitara un poeta fuerte […]

Alba Omil

Extraído del libro El microrrelato y otros ensayos, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 2000.

lunes, 14 de mayo de 2007

El universo sonoro en el orden de lo mágico en la Edad Media

En esa época medieval, llena de prodigios, según el mismo autor lo señala a través de Melusina, no puede extrañarnos la presencia de seres mitológicos, muchos de ellos provenientes del mundo celta. El mundo sonoro en este ámbito es diferente, más elemental y menos estridente. Son interesantísimos los sutiles cambios en este tipo de sonidos: casi en sordina, con muchos armónicos.
“Emergieron unos susurros, como si abejas invisibles –el rumor de las abejas es inseparable del zumbido de las hadas- revolotearan en el corazón de los pámpanos” (El unicornio. Buenos Aires, Sudamericana, 1979: 361).
Lo curioso es que para la reproducción de estos sonidos, el autor haya elegido “instrumentos” poco convencionales:
“[…] moviéronse algo más las hadas, sacudiendo sus campanas de vidrio, sus collares de nueces, sus medallas de cobre, sus cascabeles talismanes, sus sonajas fetiches” (p. 365).
Dentro de este cuarto ámbito sonoro se ubica el baladro de Melusina que atraviesa isotópicamente la novela: al comienzo, en el medio, a la muerte de Ozil y a la muerte de Aiol.
Este baladro no figura en los antecedentes míticos ni literarios de Melusina, aunque sí en la materia de Bretaña: es un agregado que Mujica Láinez le hizo a su historia, sin duda tomado de la literatura artúrica: era el célebre baladro de Merlín, último grito del mago, después de quedar atrapado en su cárcel de aire, por los encantamientos del hada Niniana, de quien él estaba enamorado. El término era de uso corriente en las novelas de caballerías y en el Romancero.
En cada uno de los momentos precitados, el baladro de Melusina aparece entramado dentro de un complejo tejido sonoro, tal como si se tratara de un solo con acompañamiento orquestal […].

Alba Omil

Extraído del libro La Literatura y su relación con otros ámbitos, de varios autores. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1999.

viernes, 11 de mayo de 2007

El desarrollo de los temas en Leopoldo Lugones

[…] Lugones se complace en la sensual contemplación del paisaje y nos brinda en sus versos una naturaleza transformada y suya, a veces artificiosa pero siempre embellecida, ennoblecida por el deleite de los sentidos que la palpan, sesgada por vagas armonías musicales: el poeta se presenta como un acuarelista que maneja hábilmente el color, la línea y llega hasta un grado musical admirable. Ahora bien, la suya no es una mera percepción sensorial, ni tampoco acumulación de objetos y detalles: es la percepción teñida de la emotividad del autor, que se transmite al lector (por supuesto, refiriéndonos siempre a lo mejor de su obra porque en un poeta que escribió tanto, no puede pretenderse que todo sea excelente). No es el frío inventario de la realidad que presenta ante nuestros ojos, es más bien la humilde y profunda captación del detalle que más lo impactó.

"El cerro azul estaba fragante de romero
y en los profundos campos silbaba la perdiz".

Lugones no reproduce simples impresiones visuales. Si la suya fuera copia de un paisaje estático, estaría tratando de suplantar, sin objeto, a la pintura y en gran inferioridad de condiciones porque para eso, la pintura cuenta con recursos específicos mucho más efectivos. Es muy fácil afirmar que Lugones es un poeta plástico, ateniéndonos a su sentido del color y de la forma pero, a nuestro entender, la plasticidad del poeta no reside sólo en ese hecho tan a ojos vistas sino en la propiedad de transmitir la visión de un cuadro en movimiento, mientras éste está siendo. Y así, sus versos reflejan movimiento, dinamismo, vida llena de actividad […]

Alba Omil

Extraído del libro Leopoldo Lugones, poesía y prosa, de Alba Omil. Editorial Nova, Buenos Aires, Argentina, 1968. Este ensayo ganó el premio del diario La Nación en 1965, compartido con un ensayo del Dr. Antonio Pagés Larraya, siendo jurados Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Eduardo Mallea, Carmen Gándara y Leonidas de Vedia.